Segunda Batalla de la Puerta

La Segunda Batalla de la Puerta ocurrida el 15 de junio de 1814, puso fin a la Segunda República de Venezuela. Todo el ejército patriota fue aniquilado y únicamente Bolívar y dos ordenanzas consiguieron huir abandonando el campo de batalla, camino de Caracas, antes de concluir el combate.

 

Antecedentes

 

Tras su encuentro en la batalla de Bocachica con Mariño en la que ambos bandos terminaron sin municiones y con grandes bajas, Boves retrocedió a los Llanos donde reorganizó sus fuerzas y lanzó una nueva ofensiva tomando pueblos y ciudades cometiendo toda clase de atrocidades, siendo además reforzado por los nuevos contingentes y suministros que le llegaban por el río Apure. La mayoría de su armamento le llegaba directamente desde las Antillas en secreto gracias a autoridades coloniales.

 

En tanto que tras su espectacular victoria en la Sabana de Carabobo Bolívar decidió dividir su ejército en lugar de marchar al Guárico, donde esta Boves, con este intacto: José Félix Ribas fue enviado a Caracas, Rafael Urdaneta a perseguir a los realistas en Occidente con 700 soldados y Mariño con él fueron a detener a Boves con apenas 2.300 a 3.000 hombres como máximo. Sin embargo, muchos de sus hombres estaban demasiado enfermos o heridos como para combatir.

 

Bolívar y Mariño movilizaron sus fuerzas para intentar evitar que el caudillo realista penetrara por los valles de Aragua ya que entonces podría atacar Caracas y Valencia. Finalmente, Mariño concentró sus fuerzas en su cuartel general cerca de Villa de Cura, mientras que Bolívar fue a Caracas en busca de refuerzos. En la madrugada del 14 de junio, Mariño movió su ejército al sur para enfrentarse al de Boves (tenía 1.500 infantes, 600 jinetes y 100 artilleros con 7 cañones), pero en la tarde tuvo que detener su avance debido a que su rival había ocupado la estratégica Quebrada de La Puerta, de forma que sus tropas tuvieron que pasar la noche en posición de combate por lo vulnerable de su ubicación.

 

La batalla

 

Al día siguiente se produjo la batalla decisiva. En la madrugada, Mariño tuvo que ordenar a sus tropas para el enfrentamiento mientras que las de Boves, aparentemente, se movían sin orden ni plan alguno. Sus cuerpos de infantería, seguidos siempre por un escuadrón de jinetes, marchaban y contramarchaban buscando las mejores posiciones. Esto sirvió para ocultar el verdadero tamaño de la División Infernal de Boves. El comandante patriota creyó que eran unos 3.000 hombres, tantos como los que él disponía. Al final de esto Boves dispusó a su infantería en el centro de su línea con la caballería en los flancos.

 

Fue en esos momentos que Bolívar llegó al campo con algunos jinetes y dos batallones de infantes, unos 400 a 800 hombres, aunque agotados por la marcha fueron suficientes para darles a los comandantes patriotas una aparente superioridad numérica. Bolívar planea una retirada ante una ubicación tan desfavorable de sus fuerzas pero Boves al notar la llegada de Bolívar ordena el ataque de su vanguardia. Los patriotas responden con un bombardeo de su artillería. Pronto la batalla se generaliza por todo el frente.

 

Tras una hora de batalla la infantería realista empezó a retroceder ante su par republicana lo que motivo a los comandantes patriotas a lanzar a su caballería contra esta para acabar la batalla. Sin embargo, cuando se produjo la carga republicana aparecieron desde distintas posiciones tres divisiones de jinetes llaneros, cada una de 1.500 hombres, que arrollaron a los jinetes enemigos y después al resto del ejército. En menos de media hora la tropa patriota quedo destruida, sus restos huyeron en desorden y pánico del modo en que pudieron.

 

Consecuencias

 

Bolívar escapo por el camino real de Villa de Cura y Mariño por el de San Sebastián. Salvaron apenas 800 ó 1.000 patriotas que lograron huir a Caracas. Cayeron en poder de los realistas 3.000 fusiles y todo el parque de artillería. También se perdieron más de mil vidas de soldados republicanos, incluido el Batallón Cumaná completo al que cuando se le agotaron las municiones formaron un cuadro y resistieron con sus bayonetas a la caballería rival hasta que fueron masacrados. Boves informó que en la batalla murieron 2.600 rebeldes, pero estimaciones modernas rebajan el número a 1.200, sin incluir los prisioneros que ejecutaron luego. Mariano Torrente en cambio cifra el ejército republicano en 4.300 hombres, salvandosé apenas cien de ellos pero sus cifras no son de fiar.

 

El desastre militar llevó al colapso del gobierno de la Segunda República. Murieron gran cantidad de miembros del gobierno y de comandantes militares, otro tanto fue capturado.

 

Tras la batalla Boves tomó Villa de Cura y Maracay, forzando a los republicanos a retirarse a Caracas. Buscando cortar las comunicaciones entre esta urbe y Valencia opto por atacar La Cabrera, defendida por 500 hombres al mando del capitán José María Fernández, nativo de Ceuta, el día 17, forzando a su capitulación e hizo degollar a toda la guarnición capturada, (algunos hablan de hasta 1.600 republicanos ejecutados). Once cañones fueron capturados además. El caudillo opto por sitiar Valencia el 19 de junio, defendida por el coronel Juan de Escalona y el doctor Miguel Peña con 1.500 hombres y 22 cañones. El 8 de julio la ciudad cayó tras feroces combates y se produjo una terrible masacre a pesar que cuando los patriotas capitularon les fue prometido que sus vidas y las de sus familiares serían respetadas. Escalona fue uno de los pocos que logro escapar. Dos días después ingresaron a la urbe Juan Manuel de Cajigal y Martínez y Sebastián de la Calzada que se habían enterado de la victoria de Boves. Este se negó a reconocer la autoridad del primero y le dijo: «He recobrado las armas y el honor de las banderas que vuestra excelencia perdió en Carabobo».

 

En Caracas la situación era crítica. Bolívar advirtió que era imposible defenderla, por lo que fue de inmediato abandonada por unos 20.000 civiles él 6 de julio, número que disminuyó a causa de las enfermedades y el hambre mientras escapaban al Oriente. Apenas 5.000 personas, principalmente realistas o personas muy débiles como para escapar, permanecieron en sus hogares.

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