Nacionalismo

El nacionalismo es una ideología y movimiento social y político que surgió junto con el concepto de nación propio de la Edad Contemporánea en las circunstancias históricas de la Era de las Revoluciones (Revolución industrial, Revolución burguesa, Revolución liberal) desde finales del siglo XVIII. También puede designar al sentimiento nacionalista y a la época del nacionalismo.

Como ideología, el nacionalismo pone a una determinada nación como el único referente identitario, dentro de una comunidad política; y parte de dos principios básicos con respecto a la relación entre la nación y el Estado:

El principio de la soberanía nacional: que mantendría que la nación es la única base legítima para el Estado.

El principio de nacionalidad: que mantendría que cada nación debe formar su propio Estado, y que las fronteras del Estado deberían coincidir con las de la nación.

El término nacionalismo se aplica tanto a las doctrinas políticas como a los movimientos nacionalistas: las acciones colectivas de movimientos sociales y políticos tendentes a lograr las reclamaciones nacionalistas.

En ocasiones también se llama nacionalismo al sentimiento de pertenencia a la nación propia, algo en principio identificable con el patriotismo, pero distinto si va más allá del mero sentimiento e incorpora contenido doctrinal o acción política en un sentido concreto.

La historiografía también usa el término nacionalismo para referirse la época del nacionalismo: el periodo histórico de formación de las naciones y el surgimiento de la ideología y movimientos nacionalistas, lo que ocurrió en torno al siglo XIX, coincidiendo con las revoluciones liberales o revoluciones burguesas. En el siglo XX se produce una renovación del nacionalismo, en el periodo de entreguerras vinculado al fascismo, y tras la Segunda Guerra Mundial vinculado al proceso de descolonización y al tercermundismo, cuando surgen numerosos grupos denominados Movimiento de Liberación Nacional.

Se habla también del nacionalismo musical, expresión artística de la segunda mitad del siglo XIX que coincide con el nacionalismo político en la valoración de la etnicidad (folclore), y que deriva del anterior romanticismo, movimiento intelectual y artístico también muy vinculado con el nacionalismo romántico, aunque sea de más amplia extensión temporal y conceptual que éste.

Interpretaciones

El nacionalismo podría entenderse como un concepto de identidad experimentado colectivamente por miembros de un gobierno, una nación, una sociedad o un territorio en particular. Los nacionalistas se esfuerzan en crear o sustentar una nación basada en varias nociones de legitimación política. Muchas ideologías nacionalistas derivan su desarrollo de la teoría romántica de la “identidad cultural”, mientras que otros se basan en el argumento liberal de que la legitimidad política deriva del consenso de la población de una región.

Ha sido duramente criticado por personajes históricos tan diferentes como Charles de Gaulle, Albert Einstein, Albert Camus o François Mitterrand.

Los primeros precedentes del nacionalismo comienzan a aparecer en el siglo XVIII, pues hasta ese momento, la idea de nación, tal y como se concibe en la actualidad, no se había formulado. Hasta ese momento, las identidades colectivas basadas en la religión o en ser súbditos de un mismo rey, prevalecían sobre las étnicas. En la Revolución francesa se utilizará el término nación como sinónimo de ciudadano, es decir, la nación ya no está personificada en la figura del monarca, pues la nobleza es un cuerpo ajeno a la nación: la nación es el tercer Estado.

Ciertos teóricos, como Benedict Anderson, han afirmado que las condiciones necesarias para el nacionalismo incluyen el desarrollo de la prensa y el capitalismo. Anderson también afirma que los conceptos de nación y nacionalismo son fenómenos construidos dentro de la sociedad, llamándolos comunidades imaginarias. Ernest Gellner añade al concepto: “el nacionalismo no es el despertar de las naciones hacia su conciencia propia: inventa naciones donde no las hay”.

Evolución del nacionalismo

El Estado Nación surgió en Europa con el tratado de Westfalia (1648). El nacionalismo continuó siendo un fenómeno elitista durante una parte de siglos tras el tratado, pero fue durante el siglo XIX cuando se propagó ampliamente por toda Europa y ganó popularidad. Desde entonces, el nacionalismo ha dominado las políticas europeas y mundiales. Muchas de las políticas europeas del siglo XIX pueden ser vistas como luchas entre antiguos regímenes.

A finales del siglo XIX las ideas nacionalistas habían comenzado a expandirse por toda Asia. En la India el nacionalismo incentivó el fin del dominio británico. En China el nacionalismo dio una justificación para el Estado chino, que se encontraba enemistado con la idea de un imperio universal. En Japón el nacionalismo fue combinado con el excepcionalismo japonés.

La I Guerra Mundial marcó la destrucción definitiva de varios Estados multinacionales (el Imperio otomano, el Imperio austrohúngaro y, en cierta medida, el ruso). El tratado de Versalles fue establecido como un intento por reconocer el principio de nacionalismo, ya que gran parte de Europa fue dividida en naciones-Estado en un intento por mantener la paz. Sin embargo, muchos Estados multinacionales e imperios sobrevivieron. El siglo XX fue también marcado por la lenta adopción del nacionalismo por todo el mundo con la destrucción de los imperios coloniales europeos, la Unión Soviética y varios otros Estados multinacionales menores.

Simultáneamente, particularmente en la segunda mitad del siglo, fuertes tendencias antinacionalistas han tenido lugar, siendo en general destacables las manejadas por élites. La actual Unión Europea está actualmente transfiriendo poder del nivel nacional a entidades locales y continentales. Acuerdos de comercio, tales como NAFTA y GATT, y la creciente internacionalización de mercados de comercio debilitan también la soberanía del Estado-nación.

Formas de nacionalismo

Nacionalismo centrípeto (o integrador)

Es el que pretende la unificación nacional de las poblaciones con características comunes que habitan en distintos Estados, donde pueden ser minorías nacionales y por tanto en esos Estados constituyen nacionalismos centrífugos (es el caso del nacionalismo kurdo), o bien ser Estados nacionalmente homogéneos pero separados (es el caso de las unificaciones de Italia y Alemania en el siglo XIX, aunque en ambos casos el solapamiento con el Imperio austrohúngaro complica la definición). En América Latina se da el caso del nacionalismo iberoamericano, propuesto por personajes históricos como Simón Bolívar, Jose de San Martín, Bernardo O’Higgins, Joaquín Edwards Bello, Manuel Ugarte, Jorge Abelardo Ramos, etc. El cual históricamente se opone a la desintegración de la Patria Grande y aboga por su reunificación.

Nacionalismo centrífugo (o desintegrador)

También llamado nacionalismos centrífugos, es el que pretende la secesión de una parte del territorio de un Estado habitado por una población con características, cuyas diferencias con el grupo étnico considerado mayoritario, puedan definirla como minoría nacional. Estos casos se dan en Estado que se caracterizan por ser considerados “multinacionales”.

Nacionalismo de tercera generación

Son nacionalismos centrífugos, de igual forma que los nacionalismos de segunda generación, que surgen a finales del s. XX y principios del XXI y que se encuentran subordinados a otro Estado. Son comunidades con reivindicaciones nacionalistas, o bien regiones, naciones históricas o naciones en sí (según las zonas, su historia o los diferentes puntos de vista) que siguen sin estar constituidas en un Estado y continúan reivindicándolo. En Chile, esta expresión centrifuga se expresa en la creación de un Estado para la “Nación mapuche” apoyado por diversos sectores minoritarios.

Nacionalismo económico

Se concentra sobre los mecanismos de dependencia económica o neocolonialismo. Sostiene la necesidad de que sectores y empresas básicas de la economía permanezcan en manos de capitales nacionales, muchas veces estatales, cuando el sector privado no está en condiciones.

Los orígenes del nacionalismo económico pueden encontrarse en la creación de empresas estatales para explotar productos estratégicos como la creación de YPF para el petróleo en Argentina en 1922 y luego en las políticas de nacionalizaciones implementadas por gran cantidad de países entre los que se destacan: la nacionalización del petróleo en México en 1938, la nacionalización del petróleo en Irán en 1951, la nacionalización del Canal de Suez en 1956 y la nacionalización del cobre en Chile en 1971.

El nacionalismo económico está también íntimamente relacionado con la Teoría de la Dependencia elaborada por la escuela desarrollista latinoamericana que sostiene que el sistema económico mundial ha establecido una división internacional del trabajo que atribuye a los países centrales la producción industrial, de alto valor agregado, y a los países periféricos la producción de materias primas, de bajo valor agregado. El desarrollismo sostiene que existe una tendencia general al deterioro de los términos de intercambio en perjuicio de la producción agrícola-primaria, y que los países periféricos necesitan impulsar agresivas políticas industriales para romper el círculo vicioso del subdesarrollo.

La política de privatizaciones sugerida por el Consenso de Washington a partir de la década del 90 tuvo como objetivo principal, y lo logró en gran parte, revertir las medidas nacionalistas tomadas por la mayor parte de los países periféricos durante la mayor parte del siglo XX.

A partir de los últimos años de la década del 90 parece haber un importante resurgimiento del nacionalismo económico en varias partes del mundo, ahora en un entorno global, relacionado con acuerdos de integración regional. Una de sus manifestaciones más importantes ha sido la nacionalización de los hidrocarburos en Bolivia en 2006, bajo el gobierno de Evo Morales y los acuerdos de infraestructura y desarrollo subregional tomados en el marco del Mercosur y la Comunidad Sudamericana de Naciones.

Muchas de estas experiencias nacionalistas están estrechamente relacionadas con las reivindicaciones sindicales y otras organizaciones sociales, adoptando la forma de un nacionalismo popular expresado en movimientos políticos con amplio apoyo de la población. Formas de socialismo y de fascismo comparten también el proyecto del nacionalismo económico.

Nacionalismo cívico (o liberal)

El nacionalismo liberal, también conocido como “nacionalismo civil”, es un tipo de nacionalismo identificado por los filósofos políticos que creen que puede existir una forma “no-xenofóbica” del nacionalismo que se encuentra compatible con los valores liberales de la libertad, la tolerancia, la igualdad y los derechos individuales. A menudo se consideran Ernest Renan y John Stuart Mill nacionalistas liberales tempranos.

Es una forma del nacionalismo en el cual el Estado deriva la legitimidad política de la participación activa de su ciudadanía, del grado a que representa la “voluntad general”. A menudo se considera que originó con Jean-Jacques Rousseau y especialmente las teorías de contratos sociales que toman su nombre de su libro de 1762 Du Contrat Social (El contrato social). Es una noción “voluntarista” que también es compartida por los enfoques de Giuseppe Mazzini, considerando que la nación surge de la voluntad de los individuos.

Se encuentra el nacionalismo liberal en las tradiciones del racionalismo y el liberalismo, pero como una forma de nacionalismo es contrastado con el nacionalismo étnico. Se considera voluntaria la afiliación con la nación civil, como en la definición clásica de Ernest Renan de la nación como un “plebiscito diario” caracterizado por la “voluntad de convivir”. Los ideales civil-nacionales influenciaron el desarrollo de la democracia representativa en países como los Estados Unidos y Francia.

La visión liberal de la identidad nacional, especialmente en el siglo XIX y con el desarrollo de los Estados nacionales, veía al Estado o la institucionalidad como el máximo referente de la nacionalidad (a veces teniendo ambos conceptos como sinónimos), derivando en un nacionalismo jurídico o constitucional, según los enfoques de Dolf Sternberger y Jürgen Habermas, dando lugar a una noción que entronca directamente con la tradición política del republicanismo y, como éste, requiere de una concepción participativa de la ciudadanía, volcada en la promoción del bien común. Por eso, la ciudadanía que hace suyo el patriotismo constitucional no se remite en primera instancia a una historia o a un origen étnico común, sino que se define por la adhesión a unos valores comunes de carácter democrático plasmado en la Constitución, es decir, bajo un orden jurídico expresado en el Estado de Derecho.

Nacionalismo étnico (o cultural)

Define la nación en términos de etnicidad, lo cual siempre incluye algunos elementos descendientes de las generaciones previas. También incluye ideas de una conexión cultural entre los miembros de la nación y sus antepasados, y frecuentemente un lenguaje común. La nacionalidad es hereditaria. El Estado deriva la legitimidad política de su estatus como hogar del grupo étnico, y de su función de protección del grupo nacional y la facilitación de una vida social y cultural para el grupo. Las ideas sobre etnicidad son muy antiguas, pero el nacionalismo étnico moderno está fuertemente influido por Johann Gottfried von Herder, quien promovió el concepto de Volk, y Johann Gottlieb Fichte.

El fascismo es generalmente clasificado como nacionalismo étnico, habiendo sido su caso más extremo el nacional socialismo de la Alemania Nazi. No obstante, la mayor parte de los movimientos y regímenes fascistas de la Europa de entreguerras, entre los que puede contarse el nacionalcatolicismo del franquismo español, responden más al modelo de fascismo clerical definido por Hugh Trevor-Roper.

Anthony D. Smith ha señalado que no existe un nexo claro entre el nacionalismo étnico y factores económicos.

Nacionalismo romántico

También llamado nacionalismo orgánico y nacionalismo identitario, es la forma de nacionalismo étnico según la cual el Estado deriva su legitimidad política como consecuencia natural (orgánica) y expresión de la nación o la raza. Refleja los ideales del romanticismo y se opone al racionalismo y al cosmopolitismo ilustrado, postulando la existencia de una manera de sentir y concebir la naturaleza, la vida y al hombre mismo (y su existencia) que se presenta de manera distinta y particular en cada país donde se desarrolla (incluso dentro de una misma nación se manifiestan distintas tendencias proyectándose también en todas las artes) sumado a un culto al carácter nacional o Volksgeist o espiritu del pueblo (del cual nace una sensibilidad y un genio creador que lo identifican), resaltando esta expresión en las cualidades étnicas de los pueblos.

El nacionalismo romántico temprano en Europa estuvo fuertemente influenciado por Rousseau y por las ideas de Johann Gottfried von Herder, quien en 1784 argumentó que la geografía formaba la economía natural de un pueblo, y que sus costumbres y su sociedad habrán de desarrollarse siguiendo las líneas favorecidas por su medio ambiente.

El nacionalismo romántico enfatiza una cultura étnica histórica que se conecta con el ideal romántico; el folclore se desarrolla como un concepto nacionalista romántico. Los hermanos Grimm se inspiraron en los escritos de Herder para crear una colección idealizada de historias étnicamente alemanas. El historiador Jules Michelet ejemplifica la concepción nacionalista romántica de la historiografía. En 1815 se hablaba de este nacionalismo, y fue el que se usó para las unificaciones tanto alemana como italiana.

Dentro del romanticismo se reconoce una concepción “orgánica”, representada por Herder y Fichte (“Discursos a la nación alemana”, 1808) que identifica a la nación con rasgos que se heredan (lengua, cultura, territorio, tradiciones) y que están por encima del deseo individual.

Nacionalismo de izquierda o popular

El nacionalismo de izquierda, (también llamado “nacionalismo popular” por aquellos que son reticentes a encuadrarse en el plano “izquierda-derecha”, o por contraposición al término “nacionalismo oligárquico”) es una forma de nacionalismo basada en la justicia social, la soberanía popular, la nacionalismo económico y la autodeterminación nacional (entendida como soberanía política nacional). El nacionalismo de izquierda agrupa a diversas corrientes que tuvieron en común una base de nacionalismo, con una orientación progresista, reformista o revolucionaria (en algunos casos se expresó de forma autoritaria o bajo regímenes militares). Debido a su apego a la noción del interés general de la nación o la comunidad popular, se le suele relacionar con ideales socialistas, razón por la cual algunas expresiones políticas suelen considerarse “nacionalismo social” o “socialismo nacional”.

Suele tener un fuerte componente de nacionalismo económico, en vista de lo cual se da mayoritariamente en países económicamente dependientes o subdesarrollados, que buscan desarrollarse mediante la intervención estatal, y poner la economía al servicio de intereses nacionales considerados estratégicos. También suele tener un componente social, ya que entiende que la nación no está separada del pueblo que la habita, y que una nación fuerte y desarrollada sólo puede lograrse mediante la justicia social (siendo partidarios de los Estados de bienestar o social), ya que de otra manera dicha nación se sumiría en el caos y el conflicto permanente producto de la injusticia y el desequilibrio social. También suele vincularse con el corporativismo, pero a diferencia del fascismo, esta doctrina corporativa busca la integración política de los gremios y otras entidades intermedias dentro del Estado (algunos sectores buscan el reemplazo total de la democracia liberal, los partidos políticos y el parlamento, dejando solamente a los gremios), así como también se busca la integración y participación económica de los trabajadores en la gestión, propiedad y beneficios de la empresa nacional (a través de los sindicatos) junto a los empresarios (teniendo al Estado como regulador de las relaciones laborales y de producción), mostrando así su oposición a la lucha de clases (algunos gobiernos se declararon anticomunistas). En ocasiones, el nacionalismo popular suele poner énfasis dentro de sus doctrinas en el laicismo (en algunos casos con el ateísmo) y el ecologismo.

Otras vertientes del nacionalismo de izquierda ponen el acento en la rebeldía de una nación contra otra nación que la oprime (ya sea política, militar o económicamente), y así pueden clasificarse como nacionalistas de izquierda a todos los movimientos de liberación nacional, antiimperialistas o anticoloniales que luchan por la independencia de sus naciones.

Los ejemplos más claros de nacionalismo popular los encontramos en los países del Tercer Mundo (derivando en el tercermundismo como expresión de lucha contra la opresión tanto del Primer Mundo como también del ya caído Segundo Mundo). Algunos ejemplos claros se encuentran en América Latina como el peronismo en Argentina, varguismo en Brasil, cardenismo en México, ibañismo en Chile, chavismo en Venezuela, etc. En Medio Oriente es conocido el caso del Nasserismo en Egipto y el Baath en Siria e Irak.

También puede entenderse como nacionalismo de izquierda a todo régimen de izquierda (por ejemplo, en los gobiernos comunistas), que ponga el acento en el patriotismo y la exaltación de los valores o tradiciones nacionales (tomando en algunos casos una posición más conservadora al respecto, sobre todo frente a fenómenos como la globalización).

Nacionalismo religioso

Es la forma de nacionalismo según la que el Estado deriva su legitimidad política en consecuencia de una religión común. Sin embargo, buena parte de las formas de nacionalismo étnico son también en gran medida formas de nacionalismo religioso. Por ejemplo, el nacionalismo irlandés es generalmente asociado al catolicismo; el nacionalismo indio se asocia con el hinduismo, etc. El nacionalismo religioso es generalmente visto como una forma de nacionalismo étnico.

En algunos casos, sin embargo, la componente religiosa es más una etiqueta que la verdadera motivación del nacionalismo de un grupo. Por ejemplo, aunque la mayoría de los líderes nacionalistas irlandeses del último siglo fueron católicos, durante el siglo XIX, y especialmente en el XVIII, muchos líderes nacionalistas fueron protestantes. Los nacionalistas irlandeses no luchan por distinciones teológicas, sino por una ideología que identifica a la isla de Irlanda con una visión particular de la cultura irlandesa, que para muchos nacionalistas incluye al catolicismo aunque no como elemento predominante. Para muchas naciones que se vieron obligadas a luchar contra las consecuencias del imperialismo de otra nación, el nacionalismo fue asociado a la búsqueda de un ideal de libertad.

El islam se opone fuertemente a todo tipo de nacionalismo, tribalismo, racismo u otra clasificación de la gente no basada en las creencias propias. Sin embargo, ciertos grupos islámicos pueden ser considerados racistas y nacionalistas (así, para algunos, no pueden considerarse verdaderos islámicos). La creación de Pakistán es un ejemplo de nacionalismo religioso de base islámica en la medida en que tomaba como nación a los musulmanes de la India. sin embargo, muchos de sus creadores -como los del Estado de Israel- eran laicos y consideraban la pertenencia a una misma tradición religiosa como elemento generador de identidad al margen de la práctica religiosa en sí. Un ejemplo similar es el de los musulmanes de Bosnia, considerados como etnia en la antigua Yugoslavia y que en su mayor parte eran no creyentes o no practicantes.

Algunos autores, además, han señalado que el nacionalismo es más una religión política que una ideología política, un sustituto de la religión. En ese sentido se ha pronunciado Roberto Augusto, que ha afirmado que “creer que una determinada comunidad es una «nación» tiene que ver más con la fe que con la razón; es una creencia individual que puede ser compartida con otros y que está más cerca del pensamiento religioso que del científico, de ahí la dificultad de intentar rebatirla racionalmente”.

Nacionalismo banal

Según Michael Billig, es la forma difusa que tomaría el nacionalismo en las sociedades contemporáneas, convirtiéndose en un mecanismo omnipresente de orientar las percepciones y hacer aparecer como natural la identificación entre una lengua, una cultura y una comunidad política. Ya sea en rituales colectivos como el deporte, o en detalles menores como la utilización de banderas para identificar las lenguas en las que se escriben los ingredientes de una caja de cereales, el nacionalismo banal reproduciría cotidianamente los esquemas mentales del nacionalismo.

Elementos en común de todas las formas de nacionalismo

Algunos teóricos políticos sostienen que cualquier discriminación de formas de nacionalismo es falsa. Todas las formas de nacionalismo cuentan con una población formando una nación, lo cual significa que todos los miembros de una población creen en algún tipo de cultura común.

Causas por la que el nacionalismo se hace atrayente

Una razón por la cual el nacionalismo ha mantenido su atractivo a través de los siglos puede ser el hecho de que pertenecer a una nación cultural, económica o políticamente fuerte da a la persona una agradable sensación de pertenencia, sin importar su propia contribución a su fuerza.

Otra posibilidad defiende que las personas son seres sociales, y el formar parte de un grupo sociopolítico como la nación, es ventajoso y contribuye a su desarrollo, se considera que es la expresión de un rasgo general del comportamiento social favorecido evolutivamente, relacionado con el tribalismo.

En ocasiones puede surgir un sentimiento nacionalista cuando los miembros de una comunidad se sienten amenazados o atacados por otra comunidad o Estado. Puede surgir como respuesta a otro nacionalismo.

Formas de actuación

Dependiendo del contexto donde tenga lugar el nacionalismo, este puede adoptar diversas formas de actuación que pueden ser pacíficas, violentas o puede llegar a conjugar ambas.

Pacíficas

Con la progresiva consolidación de Estados más democráticos y el avance de las organizaciones intergubernamentales como la ONU, las reivindicaciones nacionalistas se sustancian mayoritariamente mediante el ejercicio de la actividad política a través de distintos partidos políticos nacionalistas que reclaman con el apoyo electoral de los ciudadanos una mayor autonomía, la independencia o el ejercicio del derecho de autodeterminación de sus territorios.

Otra forma de reivindicación pacífica sería la desobediencia civil o la “No violencia activa” cuyo máximo exponente fue la labor de Mahatma Gandhi en la India.

Violentas

La ocupación del territorio y la imposición de una nacionalidad y culturas determinadas sobre otras personas mediante el uso de la fuerza es uno de los medios utilizados por el nacionalismo. Un ejemplo de ello son las dos guerras mundiales en las que el elemento nacional desempeñó un papel sustancial, aunque la expansión militar y diseminación de una identidad nacional es un elemento recurrente en la historia de los nacionalismos.

Críticas al nacionalismo

El nacionalismo ha sido objeto de numerosas críticas por parte de estudiosos procedentes de distintas áreas de conocimiento. Francisco J. Contreras piensa que esta ideología es filosóficamente débil y rudimentaria; critica que las entidades políticas soberanas deban corresponderse con los grupos nacionales y cree que el nacionalismo es incapaz de ofrecer una definición rigurosa de la identidad nacional; según este autor las identidades nacionales no vienen dadas por la realidad histórico-social, sino que son construidas por la ideología nacionalista y los Estados.

Alfredo Cruz Prados afirma que «la misma nación es una entidad creada ideológicamente por él, y no algo natural, objetivo y anterior al mismo nacionalismo, como esta ideología afirma». Pedro Gómez García en su artículo «La identidad étnica, la manía nacionalista y el multiculturalismo como rebrotes racistas y amenazas contra la humanidad» sostiene que el nacionalismo es una tendencia patológica que nos conduce hacia la balcanización del planeta y obstaculiza la emergencia de una sociedad mundial pluralista e integrada.

Luis Rodríguez Abascal, refiriéndose al nacionalismo culturalista, ha dicho que «no defiende la diversidad cultural, sino que propone un modelo normativo de cultura que homogeneiza prácticas culturales preexistentes. Tiene dificultades para hacer otra cosa porque su punto de partida es siempre un concepto abstracto de cultura, que la concibe como una unidad uniforme u homogénea y la extiende idealmente a lo largo y ancho de un territorio sin atender a cuáles son las prácticas culturales cotidianas subyacentes o sin concederles relevancia moral y política».

Teóricos del nacionalismo

Michel Aflaq

Benedict Anderson

Otto Bauer

Michael Billig

Craig Calhoun

Margaret Canovan

E. H. Carr

Walker Connor

Karl Deutsch

Rupert Emerson

Thomas Hylland Eriksen

James Fearon

Joshua Fishman

Clifford Geertz

Ernest Gellner

Francisco Gil-White

George Grant (filósofo)

Liah Greenfeld

Johann Gottlieb Fichte

Ernest Gellner

Adrian Hastings

Carleton B. Hayes

Johann Gottfried von Herder

Eric Hobsbawm

Donald L. Horowitz

Miroslav Hroch

Michael Ignatieff

Michael Keating

Elie Kedourie

Hans Kohn

Will Kymlicka

Donald L. Horowitz

Arend Lijphart

Michael Mann (sociólogo)

Anne McClintock

John McGarry

M.T. Mehdi

Friedrich Meinecke

David Miller

Tariq Modood

Tom Nairn

Brendan O’Leary

Matthew Parish

R. Radhakrishnan

Ernest Renan

Rudolf Rocker

Aviel Roshwald

Jean Jacques Rousseau

Edward Said

Frank Salter

Robert A. Scalapino

Michel Seymour

Hisham Sharabi

Anthony D. Smith

Timothy D. Snyder

Louis Leo Snyder

Yuli Tamir

Charles Taylor (filósofo)

Charles Tilly

James Tully (filósofo)

Pierre L. van den Berghe

Stefan Wolff

Bernard Yack

Nacionalismo histórico

Eventos históricos en los cuales el nacionalismo desempeñó un papel esencial:

Independencia de Estados Unidos (1776)

Revolución francesa (1789)

Guerra de la Independencia Española (1808)

Guerra de Independencia Hispanoamericana (1809-1824)

Unificación italiana bajo el dominio de Piamonte y Cerdeña

Revolución húngara de 1848

Defensa de Paysandú (1864-1865)

Guerra franco-prusiana y la unificación alemana bajo el dominio de Prusia

Guerra del Pacífico (1879-1884)

Rebelión Maji Maji (1905–1907)

Primera Guerra Mundial

Revolución mexicana (1910-1917)

Fundación del Reino de Hungría (1920-1945) por Miklós Horthy

La resistencia de Sandino contra la ocupación estadounidense de Nicaragua (1927-1933)

Segunda Guerra Mundial

Primer arbitraje de Viena (1938)

Segundo arbitraje de Viena (1940)

Independencia de la India (1942-1947)

Gobierno peronista en la Argentina (1946-1955)

Revolución de 1952 (Bolivia)

Lucha de liberación nacional boliviana 1952-1964

Los Diez Años de Primavera en Guatemala (1944-1954)

Gobierno pérezjimenista en Venezuela (1952-1958)

El gobierno nasserista en Egipto (1955-1970)

Revolución húngara de 1956

Revolución Cubana (1959)

Guerra de Indochina (1945-1954 y Guerra de Vietnam (1958-1973)

Primavera de Praga (1968)

Principales nacionalismos actuales

Centrífugos

Albania

Nacionalismo albanés

Nacionalismo ilirio

Nacionalismo pan-heleno

Alemania

Nacionalismo bávaro

Nacionalismo prusiano

Argentina

Nacionalismo argentino

Nacionalismo católico

Armenia

Nacionalismo armenio

Bélgica

Nacionalismo belga

Nacionalismo flamenco

Véase también: Nacionalismo pan-neerlandés.

Nacionalismo franco-valón

Nacionalismo comunidad germanófona

Bolivia

Nacionalismo camba

Bosnia-Herzegovina

Nacionalismo pan-serbio

Canadá

Nacionalismo quebequés

China

Nacionalismo chino

Nacionalismo tibetano

Nacionalismo uigur

Chile

Nacionalismo chileno

Nacionalismo mapuche

Croacia

Nacionalismo istriano

Véase también: Nacionalismo liburniano.

Dinamarca

Nacionalismo feroés

Nacionalismo innuit

España

Nacionalismo andaluz

Nacionalismo aragonés

Nacionalismo asturiano

Nacionalismo castellano

Nacionalismo canario

Nacionalismo catalán

Nacionalismo español

Nacionalismo gallego

Véase también: Nacionalismo portugallego.

Nacionalismo occitano

Véase también: Nacionalismo aranés.

Nacionalismo valenciano

Nacionalismo vasco

Estados Unidos

Nacionalismo cascadiano

Nacionalismo texano

Filipinas

Nacionalismo filipino

Nacionalismo moro

Finlandia

Nacionalismo Åland

Nacionalismo sami

Francia

Nacionalismo alsaciano

Nacionalismo arpitano

Nacionalismo borgoñés

Nacionalismo bretón

Nacionalismo caledonio

Nacionalismo catalán

Nacionalismo corso

Nacionalismo flamenco

Nacionalismo normando

Nacionalismo occitano

Nacionalismo tahitiano

Nacionalismo vasco

Georgia

Nacionalismo abjasio

Nacionalismo adjario

Nacionalismo osetio

Hungría

Nacionalismo magiar

India

Nacionalismo indio

Irlanda

Nacionalismo irlandés

Italia

Nacionalismo arpitano

Nacionalismo lombardo

Nacionalismo napolitano

Nacionalismo occitano

Nacionalismo padano

Véase también: Nacionalismo friuliano.

Véase también: Nacionalismo veneto.

Nacionalismo sardo

Nacionalismo siciliano

Nacionalismo tirolés

Nacionalismo véneto

Japón

Nacionalismo japonés

Macedonia

Nacionalismo ilirio

México

Nacionalismo mexicano

Nacionalismo norteño

Nacionalismo yucateco

Nacionalismo chiapaneco

Moldavia

Nacionalismo gagauz

Nacionalismo transnistrio

Noruega

Nacionalismo sami

Países Bajos

Nacionalismo frisón

Pakistán

Nacionalismo pakistaní

Polonia

Nacionalismo prusiano

Nacionalismo silesio

Portugal

Nacionalismo mirandés

Nacionalismo portugallego

Reino Unido

Nacionalismo cornuallés

Nacionalismo escocés

Nacionalismo galés

Nacionalismo inglés

Nacionalismo irlandés

Véase también: Nacionalismo del Ulster.

Nacionalismo manx

República Checa

Nacionalismo moravo

Rumania

Nacionalismo magiar

Rusia europea

Nacionalismo bálkaro o cherkés

Nacionalismo cabardino o karachayo

Nacionalismo checheno

Nacionalismo chuvashio

Nacionalismo daguestano

Nacionalismo ingushetio

Nacionalismo karelio

Nacionalismo osetio

Nacionalismo prusiano

Nacionalismo sami

Nacionalismo tártaro

Nacionalismo vepsiano

Siria

Nacionalismo sirio

Suiza

Nacionalismo arpitano

Centrípetos

Reconquista (México)

Panafricanismo

Panamericanismo

Panarabismo

Paneslavismo

Europeísmo

Panhispanismo

Pangermanismo

Irredentismo

Iberismo

Pancatalanismo

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s