Independencia del Paraguay

La Independencia del Paraguay fue el proceso histórico por el cual la actual República del Paraguay se independizó de España, su metrópoli colonial, al tiempo que rechazaba también incorporarse al estado denominado Provincias Unidas del Río de la Plata (del mismo modo que a su sucesor, la Confederación Argentina), que pretendía ejercer soberanía sobre todos los dominios del extinto virreinato del Río de la Plata, incluida la intendencia del Paraguay.

 

No existe consenso entre los historiadores acerca de las fechas que definen los límites de dicho proceso independentista. No obstante, se admite generalmente que a partir de la revolución de mayo de 1811 y en adelante, el Paraguay se administró a sí mismo sin subordinación a gobiernos exteriores.

 

Antecedentes

 

La ciudad de Asunción del Paraguay fue la primera capital de la gobernación del Río de la Plata; desde allí partieron las expediciones que fundaron las demás ciudades de la misma, entre ellas Buenos Aires. Eso le valió, entre los historiadores, el calificativo de «madre de ciudades».

 

La división de la gobernación en dos, quedando Buenos Aires como capital de la gobernación del Río de la Plata y Asunción como capital de la gobernación del Paraguay, no alteró durante mucho tiempo la primacía del Paraguay en la cuenca del Plata. En primer lugar, primacía poblacional: hasta la segunda mitad del siglo XVIII, la población de Buenos Aires fue menor que la de Asunción, y no fue hasta bien entrado el siglo XIX que la jurisdicción de Buenos Aires superó en población a la del Paraguay.

 

La revolución comunera del Paraguay, ocurrida entre 1717 y 1735, inició un proceso de pérdida del favor real para esa provincia, proceso que fue continuado con la preponderancia del gobernador de Buenos Aires en las guerras guaraníticas, y con el encargo real del rey español al gobernador de Buenos Aires Francisco de Paula Bucarelli de dirigir la expulsión de los jesuitas no solamente de su jurisdicción, sino también de las gobernaciones vecinas. El proceso culminó en el año 1776, con la creación del virreinato del Río de la Plata, con capital en Buenos Aires. La provincia del Paraguay, transformada en intendencia en 1782, fue incorporada al nuevo virreinato.

 

En general se supone que los paraguayos solamente toleraron la nueva situación, que los ponía manifiestamente en inferioridad de condiciones respecto a la ciudad que había sido fundada por asuncenos y gobernada desde Asunción. Se generó entre la población paraguaya un resentimiento contra Buenos Aires, que se mantuvo oculto hasta el final del período colonial. Incluso la decisión de deponer al virrey Sobremonte, tomada exclusivamente por los estamentos porteños en 1807, fue aceptada sin reclamamación alguna en el Paraguay, y esta intendencia participó en la defensa contra las Invasiones Inglesas con una fuerza de 534 hombres, comandados por el coronel de milicias José de Espínola y Peña.

 

La oposición del Paraguay a la infuencia porteña se debía también a factores económicos: desde siempre, el gobierno porteño — y luego el virreinal — había apoyado el desarrollo del comercio de la yerba mate en las antiguas misiones jesuíticas guaraníes, que desde la perspectiva asuncena habían sido rivales económicos. Otro factor que amplió los resentimientos paraguayos fue el cierre de la navegación paraguaya hacia el Río de la Plata. En 1739 la Real Audiencia de Charcas dispuso que Santa Fe fuera un puerto preciso de la navegación del Paraguay, lo que fue confirmado por la real cédula del 1 de abril de 1743. Todos los barcos procedentes del Paraguay debían desembarcar sus cargas en Santa Fe para luego de pagar un impuesto seguir por tierra hacia Buenos Aires, lo que provocó disputas entre los cabildos y gobernadores de las tres ciudades. El 13 de abril de 1780 el virrey Pedro Melo de Portugal abolió provisoriamente los privilegios del puerto preciso de Santa Fe, lo que fue confirmado por el Consejo de Indias el 14 de febrero de 1781.

 

Luego de las Invasiones Inglesas, el virreinato quedó regido de hecho por un sistema de libre comercio internacional, y el antiguo monopolio colonial fue reemplazado por una relación mercantil muy favorable a Buenos Aires. En los años siguientes a las invasiones británicas, los comerciantes asuncenos pretendieron elevar los precios de sus exportaciones y crear un monopolio para la yerba mate similar al que existía sobre la venta de tabaco, llamado estanco del tabaco. Los asuncenos pretendían reducir así la competencia de la Villa Real de la Concepción y obtener mayores ganancias a expensas de los consumidores de Buenos Aires, que sufrirían los efectos del monopolio. El secretario del Real Consulado de Buenos Aires, Manuel Belgrano, presionó exitosamente al virrey para impedir que se concretara el monopolio, lo que generó profundos sentimientos de suspicacia y recelo en las regiones productoras de yerba mate, que estaban en su apogeo al momento de la Revolución de Mayo.

 

El Paraguay y la Revolución de Mayo en Buenos Aires

 

A raíz de la delicada situación española en la península ibérica, que luchaba contra las tropas de Napoleón Bonaparte, el 25 de mayo de 1810 fue depuesto en Buenos Aires el virrey Baltasar Hidalgo de Cisneros, hecho conocido como Revolución de Mayo. En su lugar asumió el mando una Junta Provisional de Gobierno, que aspiraba a gobernar el virreinato del Río de la Plata en nombre del rey Fernando VII hasta que se aclarase la situación en la península ibérica.

 

El movimiento había sido realizado exclusivamente en la capital del virreinato, sin consulta previa alguna con las demás ciudades e intendencias del mismo. Por ello la junta y el Cabildo de Buenos Aires dirigieron comunicaciones a las demás ciudades, villas y autoridades del virreinato, expresando sus motivos para asumir el gobierno y solicitando su reconocimiento y acatamiento. También se pedía el envío de diputados para la formación de un gobierno representativo.

 

Misión del coronel Espínola

 

Las comunicaciones de la junta y del cabildo, fechadas respectivamente el 27 y 29 de mayo, fueron llevadas a Asunción por el coronel José de Espínola y Peña:

 

“V.S. conoce muy bien los males que son consiguientes a una desunión, que abriendo la puerta, a consideraciones dirigidas por el interés momentáneo de cada pueblo, produzca al fin, una recíproca debilidad que haga inevitable la ruina de todos, y ésta debería esperarse más de cerca, si la potencia vecina que acecha, pudiese calcular sobre la disolución de la unidad de estas provincias.”

Circular de la Junta Provisional Gubernativa

 

Espínola había sido separado del cargo de subdelegado y comandante de armas de Concepción por el gobernador-intendente, Bernardo de Velasco en 1805. Restituido en el cargo posteriormente, había sido separado nuevamente en 1810, por “los tristes lamentos de los pobladores de Villa Real hasta entonces oprimidos por el despótico manejo del expresado coronel”. Viajó a Buenos Aires en marzo de 1810 para gestionar su reposición, por lo que el Cabildo de Asunción y Velasco hicieron saber al virrey su oposición a la misma. Espínola ha sido descrito como “hombre ordinario, violento, arrogante, ambicioso e ignorante” y también que “no había un viviente más odiado de los paraguayos”.

 

Producida la Revolución de Mayo, Espínola adhirió a ella. En razón de su jerarquía militar, la Junta lo comisionó para obtener la adhesión de la intendencia del Paraguay, llevando además en su camino las comunicaciones oficiales destinadas a las ciudades y villas que se hallaban en el camino a Asunción: San Nicolás de los Arroyos, Rosario, Santa Fe de la Vera Cruz, Bajada del Paraná y Corrientes.

 

Al llegar a la Villa del Pilar de Ñeembucú, en cuya fundación había participado, el enviado de la junta porteña convocó al cabildo, presionándolo a reconocer y jurar a la Junta de Buenos Aires; también expidió células para el reclutamiento de tropas, tanto para enviar a Buenos Aires como para tener apoyo militar en el Paraguay. El 21 de junio llegó a Asunción, poniendo en manos del gobernador Velasco los pliegos que llevaba. Llevaba además el nombramiento secreto como comandante general del Paraguay, que mantuvo oculto, pero el gobernador se enteró de su contenido. Entendiendo que el acatamiento a la junta acarrearía su deposición, Velasco ordenó a Espínola que marchara inmediatamente a Concepción, en donde pensaba retenerlo hasta que se resolviera el acatamiento al movimiento revolucionario.

 

Al ver comprometida su situación, el enviado de la junta escapó río Paraguay abajo, amenazando regresar al frente de una expedición militar. Velasco emitió una circular a los comandantes y comisionados de los pueblos del sur de su jurisdicción, declarando a Espínola suspenso en todo mando militar y amenazando a quienes lo auxiliasen o secundaran.

 

Rechazo a la Junta de Buenos Aires

 

El día 26 de junio, el gobernador convocó al cabildo de Asunción y le pidió su parecer en una reunión que él mismo presidió:

 

(…) que tratándose de un asunto extraordinario de la mayor gravedad, y en cuya resolución se interesaba toda la provincia, convenía proceder con toda madurez y circunspección, conociendo fielmente su voluntad, y que para ello se convocase una asamblea general del clero, oficiales militares, magistrados, corporaciones, hombres literatos y vecinos propietarios de toda la jurisdicción, para que decidiesen lo que fuese justo y conveniente.

Acta del Cabildo de Asunción

 

Acatando el dictamen del cabildo, el 28 de junio el gobernador emitió un manifiesto convocando a una junta general de la provincia para el día 4 de julio, pero el día 2 de ese mes la aplazó hasta el 24 de julio para que pudieran asistir representantes de toda la jurisdicción:

 

(…) por quanto para proceder con la madurez y circunspección devida al reconocim.to de la Junta Provisional Guvernativa instalada en Buen. Ay.s á consecuencia de la abdicación del mando hecha por el Exmo. Sor. D.n Balthasar Hidalgo de Cisneros, y elección de Diputado que deve pasar á aquella Capital como Representante de esta Prov.a p.a tratar del Gov.no que en nombre del Sor. D.n Fernando Septimo deba establecerse mientras duren las actuales circunstancias; se ha acordado en Cav.do celebrado con mi asistencia el veinte y seis del corr.te la combocación de una Junta gral. que se congregará el día quatro de Julio próximo á las ocho de la mañana en las casas R.s de Gov.no, y se compondrá del Rv.d Obispo, Clero, Corporaciones, Gefes, Magistrados, y de los prales. vecinos de esta Prov. (…) y ninguno de los citados pueda escusarse de asistir á la mencionada Junta sin incurrir en la negra nota de indiferente p.r el serv° del Rey Nro. Sor. D.n Fernando Septimo, y felicidad de la Patria.

 

El 17 de julio el gobernador y el cabildo respondieron a la Junta de Buenos Aires — cursando también copia a la Real Audiencia de Buenos Aires — que habían decidido realizar un congreso de toda la provincia el 24 de julio de 1810 para resolver sobre la cuestión.

 

(…) considerando la grabedad del asunto, y q.e su decisión no debe ser obra de su particular discernim.to sinó del voto meditado de toda la Provincia representada en los Diputados de sus Villas, Poblaciones y principales vecinos, ha acordado celebrar un Congreso general el 24 del corr.te para resolver tan importante y delicada materia, de cuyo resultado daremos á V. E. oportuno aviso.

El 24 de julio se reunió en el Real Colegio de San Carlos (seminario), bajo la presidencia de Velasco, un congreso o junta general de 225 funcionarios y vecinos influyentes de toda la provincia.

 

La Asamblea comenzó con la lectura de una proclama por miembros del Cabildo de Asunción, explicando las razones de la convocatoria, dando a conocer las últimas noticias que se tenían de España y aconsejando las medidas que se deberían tomar. Desechando el parecer de Gaspar Rodríguez de Francia, quien opinaba que el gobierno español había caducado en el Paraguay, el congreso resolvió por aclamación (sin votación alguna) aceptar las medidas aconsejadas por el cabildo de no adherir al movimiento revolucionario porteño, aunque sí mantener relaciones fraternales con la Junta, y jurar obediencia al Consejo de Regencia de España e Indias:

 

Artículo 1º – Que inmediatamente y sin disolverse esta Junta, se proceda al reconocimiento y solemne jura del Supremo Consejo de Regencia, legítimamente representante de nuestro Soberano, el señor Fernando 7º; respecto a que según los incontestables documentos que se han leído y tenido presente, no puede dudarse de su legítima instalación y reconocimiento por las Provincias de España, Naciones Aliadas, y hasta en este mismo continente.

Art. 2º – Que se guarde armonía correspondiente y fraternal amistad con la Junta Provisional de Buenos Aires, suspendiendo todo reconocimiento de superioridad en ella, hasta tanto que S. M. resuelva lo que sea de su soberano agrado en vista de los pliegos que la expresada Junta Provisional dice haber enviado con un oficial al Gobierno Soberano legítimamente establecido en España, y del parte que se dará por esta Provincia.

 

En precaución a la advertencia de la Junta de Buenos Aires respecto a una posible invasión portuguesa al Paraguay, el Congreso decidió:

 

Art. 3º – Que en atención a estarnos asechando la Potencia vecina, según manifiesta la misma Junta, disponga nuestro Gobernador Comandante General, se forme a la mayor brevedad una Junta de Guerra para tratar y poner inmediatamente en ejecución los medios que se adopten para la defensa de esta Provincia, que en prueba de su fidelidad al Rey, está pronta a sacrificar las vidas y haciendas de sus habitantes por la conservación de los dominios de S. M.

Art. 4º – Que se de cuenta al Supremo Consejo de Regencia, y se conteste a la Junta de Buenos Aires, con arreglo a lo resuelto y acordado en esta acta, que se archivará para perpetua memoria; y la firmaron los señores arriba expresados y demás que forman este respetable Congreso de que da fe – Jacinto Ruíz – Escribano público de Gobierno.

 

Luego de jurar fidelidad a Fernando VII y al Consejo de Regencia con sede en Cádiz, la Asamblea se disolvió. Velasco y el cabildo comunicaron el 27 de julio a Buenos Aires las decisiones tomadas, publicándose también ese día una proclama dando a conocer al pueblo lo decidido y aconsejando que se evite toda discusión y controversia sobre los puntos ya decididos por el juicio general de la Provincia, amenazando por poner en prisión a quienes perturben la tranquilidad pública. El 30 de julio Velasco publicó otro bando llamando a los paraguayos a alistarse para quando la Patria los necesite, creando un cuerpo militar del cual él se puso al frente, secundado por un encargado de la economía y con una fuerza efectiva de todos los ciudadanos y abitantes sin distinción de patricios ni forasteros. Al capitán Carlos Genovés, nombrado por Velasco, y al regidor José García del Barrio, nombrado por el cabildo, se les encomendó la tarea de hacer una lista de individuos alistables de Asunción y de las armas que hubiera en manos particulares. El 8 de agosto Velasco prohibió que se gastase o vendiese pólvora y estableció un toque de queda en la ciudad.

 

Ruptura con Buenos Aires

 

A principios de agosto llegaron a Asunción dos circulares de Buenos Aires, fechadas el 18 de julio, comunicando que los diputados a elegirse debían serlo en los términos de la Real Orden del 6 de octubre de 1809. El Cabildo, cuyo alcalde de primer voto era Bernardo de Haedo, respondió el 18 de agosto reiterando que este Cavildo les dará el debido cumplim.to luego q.e S. M. lo ordene, comunicándole que se había recibido la Real Cédula de erección del Consejo de Regencia, á cuyas ordenes se halla sumisa y sujeta toda esta Provincia.

 

El 19 de agosto la Junta de Buenos Aires envió un ultimátum al gobernador, al Cabildo y al obispo del Paraguay:

 

(…) Prescinda V. S. de su interes personal, cierre los ojos á todo temor de que peligre su empleo, ó padesca su individuo; y entonces quiza no se presentara el nuevo sistema tan terrible, como ahora pretende pintarlo (…) requiere á V. S. por última vez que se una á la Capital, que dexe obrar á el Pueblo libremente, que reconosca la dependencia establecida por las Leyes, y que promueva la remisión del Diputado, para la celebración del Congreso, que debe tranquilizar á estas Provincias. Si V. S. persiste en su pertinacia, será responsable ante Dios y el Rey de los males, que se preparan.

 

Acto seguido, la Junta de Buenos Aires cortó las comunicaciones con el Paraguay e incentivó la actuación de grupos paraguayos favorables a la revolución.

 

Enfrentamiento militar

 

Antes de morir en septiembre de ese año, Espínola logró convencer a la Junta de enviar una pequeña expedición armada al Paraguay, que en su opinión sería suficiente para auxiliar a los patriotas asuncenos, que supuestamente anhelaban en su mayoría adherir al movimiento.

 

La Asamblea del 24 de julio dispuso que se formara una junta de guerra para resistir una posible invasión portuguesa. Si bien los primeros preparativos militares tuvieron ese objeto, muy pronto se decidió que era más urgente resistir una más que probable invasión desde Buenos Aires.

 

Preparativos militares en el Paraguay

 

En septiembre de 1810, Velasco delegó el mando en el cabildo, instaló el cuartel general en el colegio seminario, cerró el puerto y paralizó el comercio, pertrechó algunos barcos mercantes que destinó a Ñeembucú, y confinó a algunas personas del partido revolucionario en el Fuerte Borbón. Todo tránsito hacia y desde la provincia quedó cortado. A Pedro Gracia, coronel de milicias del Regimiento N° 2 de Voluntarios de Caballería del Paraguay (o de Costa Arriba) y comandante político y militar de la Villa de San Pedro de Ycuamandiyú, le ordenó realizar el alistamiento y acuartelamiento de tropas, pudiendo nombrar oficiales hasta el grado de capitán.

 

Puestos en marcha esos primeros preparativos, Velasco se dirigió a las Misiones, a recoger las armas que pudiera encontrar.

 

El Gobierno Político y Militar de Misiones se hallaba al mando de comandantes subalternos desde que su gobernador, el propio Velasco, viajara en 1806 para luchar contra las Invasiones Inglesas. Las fuentes argentinas y paraguayas difieren en cuanto a si Velasco había renunciado al Gobierno de Misiones el 19 de enero de 1810 (afirmación de historiadores argentinos) o si seguía siendo gobernador, pero el mando lo ejercía el teniente gobernador, coronel Tomás de Rocamora (según las fuentes paraguayas). Al producirse la Revolución de Mayo, Rocamora adhirió a ella, solicitando el 23 de julio de 1810 la protección de la Junta, por lo que ésta lo nombró gobernador de Misiones.

 

Velasco se dirigió con 100 hombres a requisar armas en los departamentos de Candelaria y Santiago, en los que hizo jurar fidelidad al Consejo de Regencia de Cádiz. Esa invasión fue comunicada a Buenos Aires el 15 de septiembre por Rocamora, por lo que la Junta decidió enviar una fuerza militar para apoyar al partido revolucionario paraguayo. Al retornar a Asunción, Velasco solo pudo llevar escasas armas recolectadas en las Misiones.

 

Durante la ausencia de Velasco, el 8 de septiembre llegó a Asunción una nota de Vicente Nieto, presidente de la Real Audiencia de Charcas, comunicando la negativa de las intendencias del Alto Perú a reconocer a la Junta, que fue publicada por bando al día siguiente.

 

Expedición naval a Corrientes y ocupación de Ñeembucú

 

El 15 de septiembre, desde Misiones, Velasco ordenó al comandante Pedro Gracia enviar una flotilla naval a rescatar los buques destinados al Paraguay que se hallaban retenidos en Corrientes, además de ocupar el sur de la Intendencia hasta el río Paraná.

 

La región entre los ríos Tebicuary, Paraguay y Paraná y los esteros que formaban el límite occidental de las Misiones era entonces objeto de un litigio entre la Intendencia del Paraguay y la Tenencia de Gobierno de Corrientes: en el norte de esa región existía desde 1779 el pueblo de Pilar, erigido como villa en 1792. En el sur de esa zona estaban establecidos varios hacendados radicados en la ciudad de Corrientes. Ésta había establecido guardias militares en el paso de Itatí, Curupayty, Lomas de Pedro González y Paso del Rey.

 

Por orden de Gracia, el teniente Fulgencio Yegros ocupó con milicianos sin sueldo la Guardia de Curupayty y luego los pasos del río Paraná, desalojando a los correntinos.

 

La flotilla al mando del comandante José Antonio Zavala estaba formada por 3 barcos mercantiles artillados y una cañonera, llevando embarcados más de 160 hombres de tropa y su oficialidad. Partió el 21 de septiembre de 1810 y regresó el 10 de octubre con 8 barcos que halló fondeados a una legua al sur de Corrientes. La misión fue cumplida sin uso de violencia, a pesar de que fue divisada desde la ciudad.

 

El 10 de octubre Velasco dio a conocer una comunicación del gobernador de Montevideo, Gaspar de Vigodet, por la cual le avisaba que el ex virrey Cisneros le había hecho saber que su firma en las circulares en las que aconsejaba reconocer a la Junta fueron arrancadas a la fuerza, hecho que reforzaba la posición de resistencia de Velasco. Tres días más tarde, el propio Vigodet emitió una proclama a los paraguayos, alentándolos en su resistencia a la Junta.

 

Expedición de Belgrano

 

La Junta de Buenos Aires, en base a la información suministrada por Espínola, creía que bastaría una pequeña fuerza de 200 hombres para remover al gobierno realista de Asunción, dado que se pensaba que el pueblo paraguayo se hallaba reprimido por los funcionarios españoles. El 4 de septiembre de 1810, la Junta ordenó a uno de sus vocales, el abogado Manuel Belgrano, utilizar el pequeño ejército que había organizado para operar en la Banda Oriental con la misión de incorporar al Paraguay.

 

Simultáneamente, la Junta envió hacia Asunción al capitán Juan Francisco Arias, y poco después al asunceno Juan Francisco Agüero, a convencer a los paraguayos sobre la justicia de la causa de Buenos Aires y los peligros de enfrentarla.

 

El ejército inició su formación el 23 de septiembre en San Nicolás de los Arroyos, e incorporó más tropas en Santa Fe, Entre Ríos, Corrientes y Misiones, logrando ingresar en territorio paraguayo a fines de diciembre.

 

Belgrano había supuesto que la sola presencia de una reducida tropa patriota en el territorio paraguayo bastaría para que la inmensa mayoría de la población paraguaya se sumara a la Revolución. Sin embargo, a partir de ese momento dejó de recibir apoyo de la población; de hecho, la población resultó manifiestamente hostil a su presencia. Sus escasas fuerzas fueron derrotadas en la Paraguarí, del 19 de enero de 1811, y en la Batalla de Tacuarí, del 9 de marzo, por las tropas del general Manuel Cabañas, ya que el gobernador Velasco había huido al iniciarse la primera de estas batallas.

 

Ambas victorias paraguayas son consideradas como el inicio de una toma de conciencia de las propias fuerzas por parte de la oficialidad paraguaya.

 

Conferencias de Belgrano con jefes paraguayos

 

Belgrano negoció un armisticio con Cabañas, y aprovechó las negociaciones del mismo para hacer propaganda en favor de la revolución entre los oficiales enemigos:

 

Me conformo en todas sus partes, con cuanto usted me significa en su oficio de este día; y al efecto daré principio a mi marcha mañana, pero si usted gusta que adelantemos más la negociación para que la Provincia se persuada de que mi objeto no ha sido conquistarla, sino facilitarle medios para sus adelantamientos, felicidad y comunicaciones con la capital, sírvase decírmelo, y le haré mis proposiciones – Dios guarde a usted muchos años. Marzo 9 de 1811.

 

Al día siguiente Belgrano realizó 8 proposiciones, que Cabañas se excusó de resolver por carecer de facultades, enviando a su capellán y al capitán Antonio Tomás Yegros a entregar la respuesta. Éstos conferenciaron con Belgrano, y al retornar convencieron al coronel Fulgencio Yegros de la sinceridad de las intenciones de los revolucionarios porteños, que habrían aspirado solamente a expulsar a los españoles. Sabiendo del ánimo revolucionario de Yegros, Velasco lo nombró teniente gobernador de Misiones, con sede en Itapúa y al frente de dos escuadrones de caballería.

 

El Paraguay prepara su propia revolución

 

Relaciones de Velasco con los portugueses

 

Luego de que la asamblea del 24 de julio le recomendara que adoptara medidas en precausión de una invasión portuguesa al Paraguay, el 31 de agosto de 1810 Velasco dirigió una comunicación en términos amistosos al comandante portugués de las Misiones Orientales, coronel Francisco das Chagas Santos. Pero el capitán general de Río Grande de San Pedro, Diego de Souza, desconfiaba de los preparativos bélicos que Velasco estaba realizando y el 3 de octubre de 1810 le solicitó explicaciones por los movimientos de tropas en áreas cercanas a las fronteras portuguesas.

 

Luego de la victoria de Paraguay, el 29 de enero de 1811 Velasco ordenó desde Yaguarón a Cabañas la rápida persecución de las fuerzas de Belgrano, fundamentando la acción en que:

 

(…) debe proporcionarnos la vía de la comunicación con Montevideo y Portugal, en cuyos principios debemos de cimentar una parte principal, tal vez, la mayor de ntra. seguridad y defensa.

 

El Cabildo de Asunción compartía la opinión de Velasco, manifestándole que debía requerir el auxilio de las tropas de Vigodet solas o auxiliadas de los portugueses.

 

El 3 de febrero de 1811 Diego de Souza envió una nota al ministro portugués, conde de Linhares, comunicándole que el Paraguay se hallaba completamente cerrado, y que no podía conocer con certeza la suerte de las tropas enviadas por Buenos Aires, teniendo noticias de que habían sido batidas. Ese mismo día se dirigió también a Elío, congratulándolo por su elección como virrey y proponiéndole acciones conjuntas contra la Junta de Buenos Aires:

 

(…) convendría que V.E., de acuerdo con el gobierno del Paraguay, y protegido de las tropas de mi mando, entrase sin demora en el proyecto de libertar de la jurisdicción de aquella Junta el territorio del Uruguay y Paraná, como supongo interesa a su posición y a la mía.

 

Simultáneamente, en los primeros días de febrero Velasco y Cabañas pidieron ayuda militar a Diego de Souza, quien ya conociendo la derrota de Belgrano en Paraguary, y antes de recibir respuesta de Elío, el 23 de febrero escribió a Velasco expresándole que podía contar con sus tropas que quedaban prontas a obrar. Dos días después Souza se dirigió a Elío expresándole que había recibido tres chasques de Velasco y de Cabañas con una carta para Vigodet y otras 3 dirigidas a Chagas Santos:

 

(…) en los cuales se solicitan tropas de línea de mi gobierno con el fin no sólo de perseguir los restos del ejército destrozado de Belgrano sino de resistir a los nuevos socorros que él pidió de Corrientes y Santa Fe, y principalmente a la división de don Tomas Rocamora, que se conserva en Santa Rosa, sin sufrir pérdida alguna.

 

Souza comunicó el 25 de febrero a Velasco que en vez de los 200 hombres que le pedía, alistaría entre 800 y 1.000 para enviarlos a un punto de la costa del río Uruguay en espera de órdenes. También desaconsejaba la idea de Cabañas de invadir Corrientes cruzando el Paraná por el paso de Itá Ibaté, señalándole que era más prudente que lo hiciera por los distritos de Paraná y Uruguay en donde él podía desplegar una segunda columna de tropas portuguesas. Finalmente Souza envió 1.500 soldados a San Borja, mientras que en el campamento de San Diego y en los Cerros de Bagé se situaba a una fuerza similar.

 

El 22 de marzo de 1811 Souza recibió la noticia de la capitulación de Belgrano en Tacuarí, felicitando ese día a Velasco y enviándole de nuevo copias de sus dos cartas anteriores:

 

Cuente pues V.S. con los auxilios en ellos prometidos y queriendo que nos entrevistemos para coordinar el plan de las operaciones sucesivas, como juzgo preciso, avíseme en que día y lugar nos podamos encontrar para estar allí sin tardanza. El capitán de Dragones Sebastián Barreto, portador del presente oficio, dirá a V. S. más cosas interesantes y le certificará la mucha estima que tengo a las virtudes de V. S.

 

El capitán Barreto no pudo entregar el oficio a Velasco, por lo que el 10 de abril Souza envió con la misma comisión al capitán José de Abreu Mena Barreto, y una segunda nota:

 

Pero en las actuales circunstancias en que considero la debilidad de los recursos de Montevideo, creo que es de la mayor importancia que las fuerzas de V.S., auxiliadas por las mias, y conjuntamente con las de Montevideo, sean empleadas a liberar el país del Uruguay de la dominación de Buenos Aires sin lo cual ni su gobierno, ni aquel desejarán de estar siempre amenazados o inquietos.

Velasco le respondió el 29 de marzo:

Me lisongeo que unidas las tropas del Paraguay con las Lusitanas, toda la América del Sud no es capaz de sustraer los territorios de mi mando de la dominación del Sr. Don Fernando Séptimo y unión a la Metrópoli.

 

Ya sin necesidad de intervenir en el Paraguay, el 27 de abril Souza comunicó a Velasco que iniciaba con sus tropas la campaña de Montevideo, actualmente en insurrección e invadida por Manuel Belgrano, dejando en Río Grande escasas fuerzas. Abreu fue retenido en Itapúa por 15 días, hasta que el 29 de abril Yegros lo autorizó a continuar hacia Asunción al día siguiente. El 9 de mayo llegó a Asunción, en donde unas 3.000 personas lo escoltaron a la casa del gobernador. Velasco le manifestó que todo su empeño era ponerse a los pies de la Serenísima Señora Doña Carlota, pues que no reconocía otro sucesor a la Corona y Dominios de España, reconocimiento sin el cual las tropas portuguesas no lo auxiliarían, por orden del conde de Linhares a Souza. El 13 de mayo Velasco convocó al Cabildo y al obispo para considerar el ofrecimiento de Abreu, siendo aceptada unánimemente la proposición. El cabildo entregó una carta a Abreu aceptando la ayuda portuguesa, sin embargo, Velasco se opuso terminantemente al ingreso de tropas portuguesas q.e por ahora no necesita esta Provª, pero escribió a Souza el 13 de mayo solicitándole una ayuda de 25.000 pesos.

 

Medidas preventivas y represivas del gobernador Velasco

 

Desde fines de 1810, el gobernador Velasco había tomó medidas contra quienes conspiraban a favor de la Junta de Buenos Aires, confinando a un grupo de personas en el Fuerte Borbón. El 7 de enero de 1811 hizo procesar y enviar preso a Asunción al administrador del pueblo indígena de Yaguarón, acusado de querer entregar el pueblo a Belgrano.

 

Luego de la victoria realista paraguaya en Paraguarí, el gobernador ordenó por bando que todas las armas de fuego capturadas al ejército de la Junta de Buenos Aires, y las demás que poseyera la población, fueran entregadas al gobierno. El 13 de marzo se conoció en Asunción la victoria realista paraguaya en la Batalla de Tacuarí, por lo que el gobernador partió hacia las Misiones, dejando el mando delegado en los cabildantes Bernardo de Haedo, José Carísimo y Francisco Díaz de Bedoya.

 

Tras la retirada del ejército de Belgrano, y en conocimiento de las relaciones que los jefes criollos de sus milicias habían entablaron con Belgrano, Velasco licenció sin pago alguno a los milicianos, muchos de los cuales habían servido sin paga durante 8 meses, ni tampoco recompensó a sus jefes. Impidió una entrada triunfal del ejército en la capital, mientras se hacía tributar honores en el pueblo de Santa María. Apartó de las posiciones de mando a los principales jefes criollos responsables de la victoria, considerados héroes por la población: al coronel Juan Manuel Gamarra lo nombró como mayor de plaza en Asunción, sin mando de tropas; Blas José Roxas pasó como teniente gobernador de Corrientes, lejos de Asunción; el coronel Manuel Cabañas fue nombrado subinspector general de armas, sin mando de tropas; y Fulgencio Yegros fue nombrado teniente gobernador de Misiones, de modo de alejarlo también de la capital paraguaya. La capital quedó guarnecida por milicias de San Isidro del Curuguaty.

 

El 4 de abril de 1811 fue descubierta una conspiración que debía estallar dos días después. Los complotados pensaban atacar el cuartel para liberar a los presos allí existentes y los prisioneros porteños que se hallaban en un barco, y apoderarse de las armas y municiones del parque de artillería. A continuación, serían capturadas y depuestas las autoridades. La defección y delación por parte de uno de los conspiradores permitió capturar a Manuel Pedro Domecg, Manuel Hidalgo y a Marcelino Rodríguez.

 

Luego de retornar a Asunción, Velasco publicó un bando instando a los paraguayos a la tranquilidad general, y tomó a todas las autoridades nuevamente juramento de obediencia al rey Fernando VII, ordenando festejos solemnes en toda la provincia para acompañar el juramento. A fines, de abril desarticuló la prédica del cura José Fermín Sarmiento, quien junto a José de María y a José Mariano Báez, conspiraban en Concepción a favor de la Junta de Buenos Aires.

 

Desautorizando la promesa que Manuel Cabañas había hecho a Belgrano respecto de dejar en libertad a los prisioneros capturado al ejército auxiliar, Velasco los hizo conducir a Asunción y desde allí a Montevideo, ciudad con la cual las comunicaciones fluviales habían sido restablecidas por el virrey Francisco Javier de Elío.

 

Ocupación de Corrientes

 

Para impedir un nuevo ataque al Paraguay, el 7 de abril de 1811 el comandante realista de Ñeembucú, Jaime Ferrer, avanzó con una flotilla de barcos paraguayos y se apoderó de los 8 barcos que se hallaban en el puerto de Corrientes. El 17 de abril llegaron a Corrientes un bergantín y dos faluchos armados enviados por Elío desde Montevideo con armas, municiones y 5 oficiales. Ese día Ferrer envió un ultimátum al teniente gobernador Elías Galván, para que en el término de dos horas se declarase aliado del Paraguay y reconociese a Elío como virrey del Río de la Plata. Galván abandonó la ciudad refugiándose en las cercanías, mientras que el Cabildo de Corrientes entregó la ciudad a los realistas.

 

El 19 de abril Ferrer desembarcó y ocupó la ciudad, haciendo jurar al día siguiente fidelidad al Consejo de Regencia de Cádiz, quedando como comandante provisorio designado por Velasco hasta la llegada del comandante designado, Blas José de Roxas Aranda. Éste se hizo cargo del gobierno el 28 de abril lanzando un proclama contra la turbulenta y fascinerosa Junta de Buenos Aires.

 

Vísperas de la Revolución

 

El resentimiento de los oficiales criollos contra el gobernador Velasco luego de que éste no recompensara a los milicianos por sus victorias, junto con el temor del ingreso de fuerzas portuguesas al Paraguay, y el accionar propagandístico de Belgrano, llevó a que condensara en torno a Fulgencio Yegros una conspiración para finalizar la dependencia del Paraguay respecto del virrey Elío y del Consejo de Regencia de España. Como Yegros se hallaba en Itapúa, Gaspar Rodríguez de Francia dirigió la planificación del golpe en la capital. Allí fue decisivo el accionar del capitán Pedro Juan Caballero y del alférez Vicente Ignacio Iturbe, quienes lograron el concurso de los soldados del cuartel de Asunción.

 

El plan inicial previa un movimiento sincronizado. En Itapúa se levantaría Fulgencio Yegros; en Corrientes, Blas José de Rojas; quienes destacarían columnas hacia Asunción, a las que se uniría Manuel Atanasio Cabañas en la Cordillera, entrando en la capital el 25 de mayo, primer aniversario de la revolución de Buenos Aires.

 

El 24 de abril de 1811 Iturbe fue llamado a prestar declaración, ya que el abogado Juan de la Cruz Bargas delató la existencia de una conspiración, poniendo en sospechas a las autoridades. Como el viaje de Yegros a Asunción para ponerse al frente de la revolución no podría dejar de ser advertido por Velasco, Caballero decidió no esperarlo y adelantar el golpe ante el peligro de que fueran arrestados. El 13 de mayo el Cabildo aceptó unánimemente el ofrecimiento del ingreso al Paraguay de tropas portuguesas, pese a la oposición de Velasco. El asesor del gobernador, Pedro Somellera, afirmó que él comunicó a los principales complotados la decisión secreta del Cabildo, alarmado por el peligro portugués. En la mañana del 14 de mayo Iturbe recibió el aviso de su pariente, el síndico procurador del cabildo Juan Antonio Fernández, sobre que Velasco estaba al corriente de sus reuniones subversivas en la caso de Juan Francisco Recalde, transmitiendo la noticia a Caballero. El día 15, Abreu debía partir con la comunicación del Cabildo.

 

Revolución del 14 de mayo

 

A las 10 de la noche del día 14, Pedro Juan Caballero hizo replicar inesperadamente las campanas de la catedral; era la señal convenida para que los complotados se reunieran en el cuartel general frente a la plaza. Caballero e Iturbe avanzaron hacia el cuartel con 3 compañías de infantería y 3 de artillería, siéndole franqueado el paso por el comandante de la guardia, capitán Mauricio José Trouche, lográndose apoderar del parque de artillería y de las armas sin ninguna resistencia. Las fuerzas acantonadas en el cuartel eran: 106 soldados al mando del capitán Juan José Vera, 34 milicianos de San Isidro de Curuguaty al mando de Trouche, y una compañía de fusileros al mando de Cuestas. Cuando el mayor de plaza Cabrera retornó al cuartel con 8 soldados que realizaban una ronda, fue arrestado por Iturbe.

 

Caballero fue reconocido como comandante del cuartel y comenzó a reunirse parte del pueblo en torno al mismo. Velasco envió a un sacerdote al cuartel para averiguar qué ocurría, y luego recibió una intimación de Iturbe para que renunciara al gobierno. Velasco se negó a renunciar, intimando además a Iturbe que no dejara partir a los enviados portugueses. Se le hizo una nueva propuesta para que admitiera a dos personas como adjuntos en los despachos de gobierno hasta la celebración de un congreso provincial que determinara la forma de gobierno. El gobernador rechazó también esta segunda comunicación.

 

Como el gobernador no cediera, se dispuso de dos cañones y se enviaron patrullas a recorrer las inmediaciones, mientras se convocaba a más adictos para aumentar las fuerzas y se repartían armas. Durante la noche, el teniente coronel Gamarra presentó a Velasco un plan para atacar el cuartel, pero el informe convenció al gobernador de su propia debilidad.

 

En la mañana del 15 de mayo, Velasco desestimó los planes de resistencia, y finalmente aceptó que le fueran asociados dos individuos para el despacho de gobierno. Éstos fueron el abogado criollo Gaspar Rodríguez de Francia y el comerciante español Juan Valeriano de Zeballos. El nuevo gobierno sería provisorio hasta la celebración de un congreso provincial. El asesor de Velasco, el porteño Pedro Somellera, propuso enviar un pliego a Buenos Aires relatando lo ocurrido. Para esa misión fue designado José de María, pero al llegar Francia al cuartel disuadió a Caballero para no darles un alegrón a los porteños. Ese mismo día se integró el gobierno provisional con Velasco al frente, quien emitió un bando prohibiendo la circulación de personal desde las 9 de la noche.

 

El cambio de gobierno se había consumado sin disparar una sola bala.

 

Gobierno de Velasco y sus consocios después de la Revolución

 

En la tarde del 15 de mayo, Velasco emitió un bando prohibiendo la circulación de personas desde las 9 de la noche. Dos días más tarde, en otro bando, ordenó que todo aquél que tuviera armas de fuego la entregase al gobierno en 24 horas. También aclaraba el sentido del cambio de gobierno:

 

(…) no ha tenido por causa y por objeto en la presente determinación, el entregar, ó dexar esta Provincia al mando, autoridad y disposición de la de Buenos Aires, ni de otra alguna ni de mucho menos el sujetarla á ninguna Potencia extraña. (…) reconociendo siempre al desgraciado Soberano bajo cuyos Auspicios vivimos, uniendo y confederándose con la misma Ciudad de Buenos Aires para la defensa común y para procurar la felicidad de ambas Provincias y las demás del continente, bajo un sistema de mutua unión, amistad y conformidad, cuya base sea la igualdad de Derechos.

 

Antes de partir de Itapúa, Yegros arrestó a 115 españoles y se apoderó de los botes que custodiaban el río Paraná. Marchó inmediatamente con sus soldados hacia Asunción, dejando a Vicente Antonio Matiauda como comandante interino de la frontera. En el camino fue alcanzado por un mensajero de su hermano, que le comunicó los sucesos de Asunción. Hasta ese momento, Yegros era partidario de la Junta de Buenos Aires, de modo que hizo seguir al mensajero hacia Itapúa, para que Matiauda comunicara los acontecimientos a las autoridades fronterizas dependientes de Buenos Aires. Yegros entró en Asunción el 21 de mayo, saludado por una salva de 21 cañonazos.

 

El comandante de Ñeembucú y de la flota fluvial, Jaime Ferrer, fue separado de ambos mandos.

 

El comandante realista de Corrientes adhirió al movimiento; el 16 de mayo, de acuerdo con el regidor Ángel Fernández Blanco, apresó a unos 100 españoles de la ciudad, apoderándose de 13 barcos. El 30 de mayo, el gobierno de Asunción anunció:

 

“La ocupación de la ciudad de Corrientes por las fuerzas de esta provincia fue solamente consultando la seguridad, necesaria en mención á la falta de expresión suficiente en la capitulación hecha después del ultimo combate en Tacuarí entre el General de las tropas de esta ciudad, y el de las de Buenos Aires, pero el presente Gobierno de acuerdo con el Comandante y Oficiales del cuartel general de esta plaza, ha resuelto el procurar terminar por medios pacíficos las diferencias ocurridas con la citada ciudad de Buenos Aires, y como no hay motivo de esperar de la prudencia y circunspección de la Excelentísima Junta de aquella ciudad el que penetrada de iguales sentimientos de razón y humanidad deje de adoptar un sistema tan benéfico y justo como el mas natural y aun necesario en las presentes circunstancias a fin de conservar la unión y seguridad general de las provincias de este continente: se ha acordado igualmente prevenir a Usted que luego al recibo de esta orden evacué y deje enteramente libre esa ciudad, dando a saber á su Ilustre Ayuntamiento y Comandante, si este se hallase en oportunidad, que en lo sucesivo deben observar el mismo régimen y gobierno que tenían anteriormente subordinado, a la propia Exma. Junta de Buenos Aires como Dependiente de aquella capital.”

 

El 1 de junio se recibió en Asunción una nota reservada — fechada el 8 de abril de 1811 — del embajador español en Río de Janeiro, marqués de Casa Irujo, en la que se ordenaba a Velasco que por ningún motivo consintiese, que tropas portuguesas pisasen en la provincia, ni con pretexto de sujetar a los insurjentes.

 

El Congreso de 1811 y la Junta de Gobierno

 

Entre el 17 de junio y el 20 de junio de 1811 se reunió un congreso provincial que decidió

“No reconocer otro soberano que Fernando VII y sostener los derechos, libertad, defensa e indemnidad de esta provincia”.

 

También se decició suspender el pasado reconocimiento de la Junta de Regencia, reconociendo como única autoridad superior a las autoridades locales la del rey Fernando VII, que estaba impedido de gobernar.

 

El capitán Abreu debía haber partido de Asunción con la respuesta reservada de Velasco el día 15 de mayo, pero tras los sucesos de ese día, Francia y Zevallos le retuvieron el pliego y redactaron otro. Cuando el comandante de Concepción, Pedro Gracia, tuvo conocimiento de lo ocurrido en la capital, huyó hacia el Mato Grosso. Las sospechas contra Velasco eran cada vez mayores. Cuando el capitán Blas José de Rojas interceptó en La Bajada una carta de Genovés a Velasco instándolo a continuar sus planes de acuerdo con los portugueses, los criollos de Asunción se convencieron de derrocar a Velasco.

 

El 19 de junio Velasco fue destituido y apresado junto con los miembros del cabildo, acusados de entendimiento con Elío en Montevideo y de negociar con los portugueses para defender la monarquía aun al precio de depender del Imperio portugués. Los detenidos quedaban a disposición del Congreso que se estaba celebrando.

 

En lugar del Gobernador y sus consocios, el Congreso nombró una Junta Superior Gubernativa, presidida por el teniente coronel Fulgencio Yegros, como presidente y comandante general de armas, e integrada por los vocales Rodríguez de Francia, el capitán Pedro Juan Caballero, el sacerdote Francisco Javier Bogarin y Fernando de la Mora; la misma Junta nombraría además un secretario. Se dispuso que los cargos de la Junta no duraran más de 5 años. Quedaban dentro de las atribuciones de la Junta nombrar y señalar los sueldos de los empleados públicos, mantener el ejército y establecer impuestos, así como nombrar por única vez a los miembros del Cabildo de Asunción. Los españoles fueron cesados en todos sus empleos, excepto Zeballos. Todo reconocimiento de autoridades españolas quedaba suspendido, pero los miembros de la Junta debían reconocer como único soberano a Fernando VII.

 

Se resolvió además que:

(…) esta Provincia no sólo tenga amistad, buena armonía y correspondencia con la Ciudad de Buenos aires y demás provincias confederadas, sino que también se una con ella para el fin de formar una sociedad fundada en principios de justicia, de equidad y de igualdad (…)

 

Las bases de la relación con Buenos Aires fueron determinadas por el Congreso como de independencia absoluta del Paraguay hasta la reunión de un congreso de las Provincias Unidas. Se nombró diputado al Congreso a reunirse en Buenos Aires a Gaspar Rodríguez de Francia, que anteriormente había sido nombrado para ese cargo por el cabildo. Los reglamentos, formas de gobierno o constitución que sancionara dicho Congreso debían ser ratificados por el Congreso paraguayo.

 

Las principales medidas fiscales fueron la abolición del impuesto de sisa y arbitrio que la yerba mate pagaba en Buenos Aires, y la extinción del estanco de tabaco.

 

La Junta asumió sus funciones el 20 de junio de 1811, disolviendo el Congreso. El vocal Mora asumió provisoriamente la secretaría de la Junta. El 22 fue emitido un bando con las disposiciones del Congreso, entre ellas nombrando al comandante Blas José de Roxas como subdelegado del Departamento de Santiago, con agregación de los Pueblos de Itapúa, Trinidad y Jesús, y comandante de la frontera. Para la subdelegación de Candelaria la junta debía nombrar un subdelegado.

 

Tratado confederal entre las juntas de Asunción y Buenos Aires

 

El 20 de julio de 1811 el Congreso paraguayo envió una nota a la Junta de Buenos Aires comunicándole sus resoluciones, expresando que el Paraguay deseaba autogobernarse y mantenía el propósito de defender la causa común del señor Don Fernando VII. La Junta Grande de Buenos Aires respondió por otra nota del 28 de agosto de 1811 aceptando el autogobierno paraguayo en los siguientes términos: Si es la voluntad decidida de esa provincia gobernarse por sí y con independencia del gobierno provisional, no nos opondremos a ello.

 

Se estableció un proyecto de confederación entre las Provincias Unidas del Río de la Plata y Paraguay, pero los intereses contrapuestos de las elites porteñas y asuncenas chocaron. El 12 de octubre de 1811 se firmó con los enviados de Buenos Aires, Manuel Belgrano y Vicente Anastasio de Echevarría, un Tratado de Amistad, Auxilio y Comercio, reconociendo el gobierno de Buenos Aires la autonomía de la Provincia del Paraguay hasta la celebración de un congreso general que decidiera la forma de gobierno, estableciendo de hecho la independencia del Paraguay. Rodríguez de Francia fue elegido como diputado al congreso general de las provincias del Río de la Plata, aunque no viajó. Ningún otro paso se dio hacia la formación de una confederación y el Paraguay se comportó como un estado independiente desde entonces.

 

El río Paraná quedó como límite provisorio entre las juntas de Asunción y Buenos Aires, pero se dejaba en custodia provisoria del gobierno de Asunción el Departamento de Candelaria.

 

El Doctor Francia y la Junta

 

Desde el inicio mismo de la Revolución, el miembro más activo de la Junta era Francia, cuyos ideales independentistas eran de público conocimiento.

 

Considerando a los demás miembros de la Junta como ineptos, dubitativos o contrarios a la independencia, y también demasiado sometidos a las presiones militares, Francia renunció el 1 de agosto de 1811 a la Junta. Pocos días después, la misma Junta lo convocó nuevamente a su seno, para tratar las negociaciones con los enviados del gobierno de Buenos Aires. El único miembro de la Junta que se opuso a su retorno, el padre Bogarín, sería expulsado de la misma el 2 de septiembre.

 

Otro de los miembros de la Junta, Fernando de la Mora, fue comisionado al norte del país, con la misión de expulsar a los portugueses que habían ocupado Fuerte Borbón y los indígenas mbayá, que cometían desmanes en toda esa región.

 

A fines de enero de 1812, Rodríguez de Francia abandonó por segunda vez el gobierno, en oposición a la liberación de unos detenidos. La Junta incorporó en su lugar a Gregorio de la Cerda, conservando a Yegros, Caballero y Mora. Este gobierno se limitó principalmente a administrar el gobierno interior, sin dar paso alguno de importancia en las relaciones exteriores y sin introducir novedades en el sistema de gobierno.

 

Una medida de primera importancia fue la solicitud de devolución de las causas judiciales en recurso de apelación ante la ex Real Audiencia de Buenos Aires, declarándose la Junta a sí misma tribunal de apelación. La solicitud fue planteada el 19 de marzo de 1812 y aceptada por el Trinvirato que gobernaba en Buenos Aires el 2 de abril. Desde esa fecha data la independencia judicial del estado paraguayo.

 

En noviembre de ese año, Francia fue nuevamente llamado a formar parte del gobierno, como encargado de las relaciones exteriores. Pero no hubo novedades en ese aspecto hasta mayo de 1813, momento en que llegó a Asunción el enviado del gobierno de las Provincias Unidas del Río de la Plata, Nicolás de Herrera, con la misión de invitar al Paraguay a enviar diputados a la Asamblea General Constituyente que se había ya reunido en Buenos Aires. Francia decidió no contestar su invitación, objetando que debía esperar la reunión de un Congreso, que se reuniría en agosto.

 

A mediados de junio de 1813 fueron expulsados de la Junta los vocales Mora y De la Cerda, de modo que quedó formada solamente por dos vocales; Francia se reincorporó como vocal de la Junta a principios de julio.

 

Entre las gestiones de la Junta en cuanto al ejercicio de una autoridad autónoma o independiente, se pueden enumerar la supresión del tributo indígena, la gratuidad de la enseñanza primaria y el establecimiento de relaciones con el jefe federal de la Banda Oriental, José Artigas, además de varias medidas puramente administrativas.

 

El Congreso de 1813 y el Consulado

 

Presionando al gobierno, Francia logró que se aceptara la forma de elección de diputados que había planeado: el Congreso estaría formado por alrededor de mil diputados, elegidos de todos los pueblos y villas del interior del país, quedando en minoría los representantes de Asunción. Los diputados fueron elegidos en asambleas de vecinos, en las que generalmente se les proponían los nombres de candidatos nombrados por Francia. A medida que los diputados iban llegando a Asunción, Francia los reunía por grupos en su propia casa, dándoles instrucciones sobre qué se debía hacer en el Congreso. Igualmente, se pospuso la iniciación del Congreso hasta fines de septiembre.

 

A principios de septiembre, Francia logró un nuevo avance sobre el gobierno, logrando la separación del triunviro Mora, cargo que ocupó interinamente el propio Francia.

 

Congreso de 1813

 

El Congreso se reunió el 30 de septiembre. Su primera decisión fue negarse a recibir al enviado del gobierno de las Provincias Unidas y responderle que no se enviaría “ahora” al diputado exigido por el mismo. A continuación aceptó la renuncia presentada por Francia, al que se le pidió que redactara un plan de gobierno.

 

Se ignora qué deliberaron los diputados durante los días siguientes, pero el 12 de octubre recibieron un Reglamento de Gobierno, propuesto por Francia. Fue aprobado por unanimidad ese mismo día. En su artículo 1ro. se establecía que

“Continuarán en el gobierno superior de la provincia solamente los dos ciudadanos, don Fulgencio Yegros, y don José Gaspar de Francia, con la denominación de Cónsules de la República del Paraguay y se les confiere la graduación y honores de brigadieres del ejército, de que se les librará despacho firmado del presidente actual del congreso, secretario y sufragantes de actuación con el sello del gobierno.”

 

El resto de los artículos detalla las atribuciones y obligaciones de los Cónsules. El Consulado, institución copiada del consulado de la antigua Roma y del consulado francés que antecedió al Imperio Napoleónico, era un avance en la concentración de la autoridad ejecutiva. Tras la sanción del Reglamento de Gobierno, el Congreso cerró sus sesiones.

 

Al cerrar en unos pocos días las sesiones del Congreso, el de 1813 repitió lo actuado dos años antes, y fijó un antecedente que sería imitado en todos los congresos subsiguientes, hasta el año 1865: el Congreso del Paraguay era elegido para una sola sesión — que podía durar desde un día hasta algunas semanas — y al término de la misma se consideraba disuelto. Serían las autoridades ejecutivas las encargadas de convocar al Congreso, excepto en los pocos casos en que su convocatoria ocurría en una fecha determinada por el Congreso anterior. El último de estos Congresos sería reunido en 1865 por Francisco Solano López al iniciar la Guerra de la Triple Alianza.

 

Controversias sobre el Congreso de 1813

 

El Reglamento de Gobierno fue interpretado de las más diversas formas por los historiadores paraguayos. Algunos autores la han interpretado como una constitución, o “constitución singularísima”. Esta postura ha sido rechazada por otros autores, señalando que, por sus características, el Reglamento instauraba solamente un gobierno provisional, y que no se establecían los derechos civiles.

 

Un punto de vista muy extendido interpreta que este Reglamento implicaba una proclamación de la Independencia del Paraguay, debido a que se abandonaba toda mención al rey español, y a que se proclamaba la República, abandonando la mención al nombre de Provincia. Otros autores señalan que este punto de vista es incorrecto, ya que no hay una sola mención a la independencia en este documento, y que la proclamación de la independencia sería sancionada en 1842.

 

Existió aún una singular versión sobre la supuesta declaración de la independencia: el presidente Carlos Antonio López —que no había estado presente en el Congreso de 1813— afirmó en el discurso de inauguración del Congreso de 1854:

 

“La independencia de nuestro país fue declarada y proclamada en el congreso reunido en octubre de 1813, pero por una negligencia inexplicable, ni se consignó esa declaración en un acto formal, ni se promulgó, ni se juró, ni se comunicó al exterior y quedó por consiguiente, desconocida y como si no existiese esa independencia.”

Carlos Antonio López, Mensaje de Inauguración del Congreso, 14 de mayo de 1854.

 

Consulado

 

El consulado sería ejercido por los dos cónsules alternativamente durante cuatro meses; Francia ocupó el primer y tercer turno, ocupándolo Yegros solamente durante el segundo, entre febrero y junio de 1814. Aun así, durante todo el Consulado, Francia relegó a Yegros a un segundo plano; también alejó a los oficiales favorables a Yegros y Caballero de la capital, reuniendo en ella un ejército completamente adicto a su persona.

 

Una medida de gran impacto fue la prohibición para los españoles peninsulares de casarse con nativas del país, adoptada a principios de 1814. Para ese entonces, varios centenares de españoles habían sido expulsados del Paraguay.

 

Otra medida que adoptó el Consulado fue declararse neutral en el conflicto entre Artigas y el Directorio, que ya había encendido la primera guerra civil rioplatense. El oficial Matiauda, que había apoyado a Yegros en 1811, se pasó a los artiguistas y participó en la política de la provincia de Corrientes.

 

Dictadura de Gaspar Rodríguez de Francia

 

El 3 de octubre de 1814 se reunió el tercer Congreso paraguayo, formado por alrededor de mil diputados. A propuesta de Francia, que presidió las sesiones, se unificó el Poder Ejecutivo en una sola persona, dándole el título y carácter excepcional de Dictador Supremo de la República del Paraguay. El cargo duraría cuatro años, tras los cuales se debería reunir otro Congreso nacional y decidir sobre el sistema de gobierno. Para el cargo fue electo Gaspar Rodríguez de Francia.

 

A partir de ese momento, Francia impuso un sistema de férreo control del comercio exterior: aumentó los aranceles de importación y creó el monopolio estatal de la exportación de maderas y otros bienes. Por un tiempo se mantuvo relativamente libre la exportación de tabaco y yerba mate, pero las restricciones a la actividad portuaria fueron en aumento. En particular, se prohibió la exportacíón de moneda metálica, medida que complicó todas las operatorias de comercio exterior.

 

Se acentuó la persecución de los adversarios del régimen, especialmente a quienes eran considerados partidarios de las Provincias Unidas del Río de la Plata. Secularizó los bienes de la Iglesia Católica, pero no cambió demasiado la situación para los campesinos, que pasaron de arrendatarios de la Iglesia a arrendatarios del Estado. El clero fue nacionalizado con la eliminación del diezmo eclesiástico, y los curas párrocos pasaron a depender de un sueldo de empleados públicos.

 

El 30 de mayo de 1816 se reunió el cuarto Congreso paraguayo; esta vez estaba formado por 250 diputados. En su primera y única sesión, se limitó a extender el título de Francia por aclamación, dándole el de Dictador Perpetuo de la República, “durante su vida, con calidad de ser sin ejemplar”. Se decidió que el Congreso se reuniría cada vez que lo requiriera el Dictador. El resultado fue que no se volvería a reunir durante el resto de la vida del Dr. Francia.

 

Apenas asumido el mando perpetuo, Francia clausuró el puerto de Pilar, único que se mantenía en comunicación con las Provincias Unidas. El puerto de Asunción había sido gradualmente cerrado, y el de Itapúa, que permitía un escaso comercio con el Brasil, sería clausurado en 1818. A partir de ese momento, el aislamiento del Paraguay fue total. Los extranjeros que se introdujeran en el territorio del Paraguay de allí en adelante, como José Artigas a fines de 1820, o Aimé Bonpland al año siguiente, serían confinados de por vida en el interior del país.

 

Dos conspiraciones de gran envergadura para intentar derribar a Francia fueron descubiertas en 1820 y 1821. Uno total de 69 personas fueron ejecutadas, entre ellos Fulgencio Yegros y Pedro Juan Caballero. Muchos más huyeron a las Provincias Unidas. La depuración de la administración pública fue total: cada soldado, maestro, cura o empleado público era enteramente leal al dictador, y sólo a él respondían. Sus órdenes eran dictadas verbalmente, o escritas con indicación de ser destruidas. Muy escasos documentos públicos quedaron de las más de dos décadas en que gobernó el Dr. Francia.

 

La educación pública de nivel primaria se hizo obligatoria y gratuita, y efectivamente se extendió a todos los niveles de la sociedad. En cambio, el único colegio secundario fue cerrado. La economía se estatizó casi completamente, y la industria y artesanías locales alcanzaron niveles más altos que nunca, aunque limitadas a las necesidades del mercado interno.

 

Una muy limitada apertura comercial tuvo lugar a partir de 1823, con la reapertura de los puertos de Pilar de Ñeembucú e Itapúa. El primero estaba dedicado al intercambio con las Provincias Unidas, pero el único comprador autorizado era el gobierno de la República, que además fijaba los precios y tardaba muchos días en concretar cada operación; en esas condiciones, y dado el temor de los navegantes a las arbitrariedades de Francia, los beneficios de la apertura fueron casi nulos. El segundo era el indicado para el intercambio con el Brasil, pero la ocupación por las autoridades correntinas de la villa de Santo Tomé, paso obligado para ese intercambio, limitaron las posibilidades de aumentar el tráfico por ese puerto, que era además mucho más oneroso que por Pilar. Los conflictos con Corrientes se agudizaron en la década de 1830; la respuesta de Francia fue defender la margen derecha del río Paraná, e impedir el establecimiento permanente de correntinos en la margen izquierda aguas arriba de la isla Apipé.

 

La dictadura de Gaspar Rodríguez de Francia mantuvo completamente aislado al país, así como también casi completamente falto de leyes o normas de cualquier tipo. No hubo sanción de una constitución, ni fue oficialmente sancionada la independencia. A la fecha del fallecimiento de Francia, en septiembre de 1840, el Paraguay era la única de las antiguas colonias españolas de América continental que no había proclamado formalmente su independencia. No obstante, su independencia de hecho, tanto política como cultural y económica, era más completa que en cualquiera de las otras ex colonias españolas.

 

El Acta de la Independencia

 

El mismo día de la muerte de Francia, asumió el mando una Junta de los comandantes de los cuatro cuarteles de la capital, bajo la presidencia del alcalde del cabildo, Manuel Antonio Ortiz. Se asignó a sí misma la misión de convocar un Congreso, pero las semanas pasaban sin que éste fuera anunciado. De modo que el 22 de enero de 1841, un golpe de estado dirigido por un cabo de ejército terminó con la Junta. En su lugar asumió un Triunvirato, formado por Juan José Medina, José Gabriel Benítez y José Domingo Campos, que convocó al Congreso; éstos fueron a su vez derrocados el 19 de febrero por un segundo golpe de estado. El jefe de este golpe de estado, coronel Mariano Roque Alonso, asumió el gobierno con el título de Comandante General de Armas. Ejercía como secretario el doctor Carlos Antonio López, sobrino del dictador Francia.

 

El 12 de marzo se reunió el Congreso. Su primera preocupación fue formar un gobierno, al que dieron el nombre de Consulado. Se regiría por los mismos principios del Consulado de 1813, y lo formarían Alonso y López, y durarían tres años en su mandato. El cónsul Alonso se concentró en la seguridad y defensa del país, mientras todo el resto de la administración pública era llevada adelante por López.

 

Fuera de esta elección, el Congreso decidió la apertura comercial y diplomática con los países vecinos; lo hizo en forma bastante moderada, ya que se habilitaron solamente los puertos de Pilar e Itapúa. Pese a que los más letrados de los paraguayos esperaban la sanción de una Constitución, el tema no fue siquiera considerado.

 

El Acta de la Independencia Paraguaya

 

Un nuevo Congreso se reunió el 25 de noviembre de 1842, cuyo presidente fue el cónsul Carlos Antonio López. La reunión estuvo signada por la amenaza que constituía la actitud del gobierno de la Confederación Argentina, ejercido por el gobernador Juan Manuel de Rosas, el cual — a punto de aplastar toda resistencia interna — parecía decidido a incorporar al Paraguay a la fuerza a la Confederación.

 

En respuesta a esta situación, el mismo día de su instalación, el Congreso sancionó el Acta de la Independencia del Paraguay:

 

Considerando:

Que nuestra emancipación e independencia es un hecho solemne e incontestable en el espacio de más de treinta años.

Que durante este largo tiempo y desde que la República del Paraguay se segregó con sus esfuerzos de la metrópoli española para siempre; también del mismo modo se separó de hecho de todo poder extranjero, queriendo desde entonces con voto uniforme pertenecer a sí misma; y formar como ha formado una nación libre e independiente bajo el sistema republicano sin que aparezca dato alguno que contradiga esta explícita declaración.

Que este derecho propio de todo estado libre sea reconocido a otras provincias de Sud América por la República Argentina, y no parece justo pensar que aquel se le desconozca a la República del Paraguay, que además de los justos títulos en que lo funda, la naturaleza lo ha prodigado sus dones para que sea una nación fuerte, populosa, fecunda en recursos, y en todos los ramos de industria y comercio.

Que tantos sufrimientos y privaciones anteriores consagrados con resignación a la independencia de nuestra República por salvarnos a la vez del abismo de la guerra civil, son también fuertes comprobantes de la indudable voluntad general de los pueblos de la República por su absoluta emancipación é independencia de todo dominio y poder extraño.

Que consecuente a estos principios y al voto general de la República para que nada falte a la base fundamental de nuestra existencia política confiados en la divina providencia declaramos solemnemente:

Primero: La República del Paraguay en el Río de la Plata es para siempre de hecho y de derecho una nación libre e independiente de todo poder extraño.

Segundo: Nunca jamás será el patrimonio de una persona, o de una familia.”

 

Este Congreso oficializó también la Bandera y el Escudo del Paraguay. También sancionó la libertad de vientres.

 

Por orden del Consulado, el 25 de diciembre de ese mismo año, la Independencia del Paraguay fue solemnemente jurada por las autoridades y toda la población del país, acto que se celebró simultáneamente en la capital y en cada villa y pueblo del Paraguay.

 

El 13 de marzo de 1844 se reunió un nuevo Congreso de trescientos diputados. Bajo la dirección de López se dictó una “Ley que establece la Administración Política de la República del Paraguay”, que es considerada a veces la segunda constitución del país: se establecía una división de poderes, aunque muy favorable al poder casi ilimitado del Poder Ejecutivo. Éste sería ejercido por un Presidente de la República, que gobernaría durante diez años. La Constitución excluía toda mención a garantía alguna de los derechos civiles. Para el cargo de presidente fue elegido Carlos Antonio López.

 

Al año siguiente, el presidente López sancionaría otra medida importante en el camino de la soberanía, creando la moneda nacional. Hasta ese momento se utilizaba la antigua moneda española, o las que circulaban en los países vecinos, especialmente los pesos de plata bolivianos. En 1847 se imprimirían los primeros billetes paraguayos de papel moneda.

 

Reconocimiento de la Independencia

 

La proclamación de la Independencia fue enviada a todos los países vecinos del Paraguay; es decir, a la Confederación Argentina, al Imperio del Brasil y a la República de Bolivia. El primer gobierno en responder fue el argentino: el Encargado de las Relaciones Exteriores de la Confederación Argentina y Gobernador de la Provincia de Buenos Aires, Juan Manuel de Rosas, contestó el 26 de abril de 1843 al enviado paraguayo Andrés Gill que no podía reconocer ni desconocer esa independencia, dando como razón que su país estaba “en guerra con todo el mundo”, aunque agregó a su negativa varias expresiones favorables al mantenimiento de la paz con el pueblo paraguayo.

 

El primer país que reconoció la independencia paraguaya fue la República de Bolivia, por una declaración formal de su gobierno, fechada el 17 de junio de 1843.

 

El Imperio del Brasil reconoció la independencia paraguaya por medio de un comunicado imperial, entregado en Asunción el 14 de septiembre de 1844. Más de un año antes de esa fecha se habían establecido relaciones diplomáticas permanentes entre el Brasil y el Paraguay. La intención de la diplomacia imperial era adelantar una alianza con el vecino país. No obstante, aunque el Paraguay se enzarzaría en una guerra contra la Confederación, lo haría en alianza con el gobierno correntino, no con el imperial. Cuando ésta fracasó, López volvió a insistir en una política neutral respecto de la Argentina.

 

El reconocimiento por parte del gobierno argentino debió esperar a la caída del régimen de Juan Manuel de Rosas. A poco de derrocarlo, el general Justo José de Urquiza envió un enviado plenipontenciario a Asunción, con la orden de reconocer la independencia paraguaya. La misma fue formalmente anunciada por medio de un “Tratado de límites, amistad, comercio y navegación entre Paraguay y la Confederación Argentina” firmado en Asunción el 15 de julio de 1852.

 

Faltaba aún el reconocimiento de la Independencia del Paraguay por su antigua metrópoli. Debido a diversas complicaciones, y retrasado especialmente por la práctica destrucción de la administración pública y el cuerpo diplomático paraguayo como resultado de la Guerra de la Triple Alianza, España no reconoció la independencia paraguaya hasta el 10 de septiembre de 1880.

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