Discurso de Haile Selassie en la ONU

La Organización de las Naciones Unidas (ONU) es la mayor organización internacional existente. Se define como una asociación de gobiernos global que facilita la cooperación en asuntos como el Derecho internacional, la paz y seguridad internacional, el desarrollo económico y social, el desarrollo económico y social, los asuntos humanitarios y los derechos humanos.

 

Yo, Haile Selassie I, Emperador de Etiopía, estoy aquí hoy para reclamar la justicia que se le debe a mi pueblo, y la asistencia prometida a este hace ocho meses, cuando cincuenta naciones declararon que agresión se había cometido como violación a los tratados internacionales.

 

No hay antecedentes de que ningún Jefe de Estado haya hablado en esta asamblea (En esta ocasión su Majestad se refería a que anteriormente no había habido ningún Jefe de Estado que hubiese hablado en la Liga de las Naciones, normalmente siempre lo hacen los representantes de los gobiernos.) Pero tampoco ha habido antecedentes de que un pueblo haya sido víctima de tal injusticia y sea en el presente amenazada con el desamparo a su agresor. También, nunca antes ha habido un ejemplo de cualquier gobierno procediendo a la sistemática exterminación de una nación por medios barbáricos, violando las más solemnes promesas hecha por las naciones de la tierra que nunca se debería usar en contra de ningún ser humano inocente los terribles y dañinos gases venenosos. Ha sido para defender al pueblo que está luchando por su anciana independencia que la cabeza del Imperio Etíope ha venido a Génova a cumplir su deber supremo, después de haber luchado como jefe de sus ejércitos.

 

Yo le ruego al Todopoderoso Dios que Él pueda librar a las naciones de los sufrimientos terribles que se le han infligido a mi pueblo, de lo cual los jefes que hoy me acompañan aquí han sido horrorizados testigos.

 

Es mi deber de informar a los gobiernos reunidos en la asamblea de Génova, los cuales son responsables por las vidas de millones de hombres, mujeres y niños, del letal peligro que los amenaza, describiéndoles el destino que ha sufrido Etiopía. No es solo con los guerreros que el gobierno italiano ha hecho la guerra. Este sobre todo, ha atacado a poblaciones muy lejos de cualquier hostilidad, con el propósito de aterrorizarlas y exterminarlas.

 

Al principio, cerca de los finales de 1935, los aviones italianos lanzaron sobre mis ejércitos bombas lacrimógenas. Sus efectos no han sido leves. Los soldados aprendieron a disiparse, esperando hasta que el viento rápidamente dispersara los gases venenosos. Los aviones italianos entonces acudieron al gas mostaza (mustard gas.) Barriles del líquido fueron derramados sobre grupos armados. Pero este medio tampoco fue efectivo; el líquido sólo afectó a pocos soldados, y los barriles en el terreno etíope fueron sólo una advertencia a las tropas y a la población del peligro.

 

Esto fue en el tiempo en que estaban aconteciendo las operaciones comandadas por los italianos para cercar a Makalle; temiendo la derrota, siguieron esos procedimientos que ahora es mi deber de denunciar frente al mundo. Especiales pulverizadores fueron instalados en los aviones para que se vaporizaran, sobre vastas áreas del territorio, como fina lluvia mortal. Grupos de nueve, quince, dieciocho aviones se seguían para que la neblina que ellos desprendían fuera como una capa continua. Así fue todo que, al final de enero, 1936, soldados, mujeres, niños, ganado, ríos, los lagos y el pasto fueron empapados continuamente con esta lluvia mortal. Con el propósito de matar sistemáticamente todas las criaturas vivientes, con el propósito de realmente envenenar las aguas y los pastos, el comando italiano hizo que los aviones pasaran, y pasaran varias veces. Este fue su método principal en los haberes de la guerra.

 

El verdadero refinamiento del barbarismo consiste en llevar a cabo la destrucción y el terror en las partes del territorio más densamente pobladas, los puntos que mucho más lejos están de toda hostilidad. La meta era la de esparcir el miedo y la muerte sobre la mayor parte del territorio Etíope. Estas tácticas provenientes del miedo les salieron bien. Hombres y animales sucumbieron. La lluvia letal que cayó desde los aviones hizo que todos aquellos que tocara salieran temblando con dolor. Todos aquellos que tomaron las aguas envenenadas o comieron de los alimentos infectados han sucumbido con terrible sufrimiento.

 

Las víctimas del gas italiano (mustard gas) caían en miles. En orden de denunciar ante del mundo civilizado las torturas infligidas al pueblo etíope he decidido venir a Génova. Nadie más que yo y mis valientes acompañantes podemos brindar una prueba innegable a la Liga de las Naciones. La apelación de mis delegados dirigida a la Liga de las Naciones se ha mantenido sin ser respondida; mis delegados no han sido testimonios. Por eso he decidido venir yo mismo a dar testimonio en contra del crimen que se ha perpetuado en contra de mi pueblo y darle a Europa una advertencia acerca de la condena que le sigue, si esta no cede antes de que esta realidad se plasme.

 

¿Es necesario recordarles a la Asamblea de las varias etapas del drama Etíope? En estos 20 años que han pasado, como Heredero Evidente, Regente del Imperio, o como Emperador, nunca he cesado de usar todos mis esfuerzos para brindar al pueblo los beneficios de la civilización, y en particular de establecer relaciones con buen sentido de la vecindad con los poderes adyacentes. En particular tuve éxito concluyendo con Italia un Tratado de Amistad en 1928, que absolutamente prohibía el recurso, bajo cualquier pretexto, de la fuerza armada, sustituyendo la fuerza y presionando la conciliación y el arbitraje con lo cual las naciones civilizadas han basado su orden internacional.

 

En el reporte de octubre 5 de 1935, el Comité de los Treces (Committe of Thirteen) reconoció mi esfuerzo y los resultados que he tenido. Los gobiernos pensaron que la entrada de Etiopía a la Liga, cuando le daban a esta tierra la nueva garantía del mantenimiento de su integridad e independencia, podría ayudarla a alcanzar un alto nivel de civilización. No se puede ver que en Etiopía hoy haya más desorden e inseguridad que en 1923; al contrario, el país está más unido y el poder central es más obedecido.

 

Yo debería haber procurado de todos modos a mi pueblo mayores resultados si los obstáculos de todo tipo no se viesen puesto en el camino por el gobierno italiano, el gobierno que agitó las revueltas y armó a los rebeldes. Realmente, el gobierno de Roma, como abiertamente ha proclamado, nunca ha cesado de prepararse para la conquista de Etiopía. Los Tratados de Amistad que se firmaron conmigo no fueron sinceros; su único objetivo era de esconder de mí su real intención. El gobierno italiano declaró que por 14 años se ha venido preparando para la conquista presente. Por lo tanto este reconoce hoy que cuando soportó la admisión de Etiopía a la Liga de las Naciones en 1923, cuando concluyó el Tratado de Amistad en 1928, cuando firmó el Pacto de París, le estaba mintiendo a todo el mundo. Al gobierno Etíope, en aquellos solemnes tratados, se le dio garantías adicionales de seguridad que le permitiera progresar junto al camino específico de reformas en el cual se había asentado, para el cual entregaba todas sus fuerzas y todo su corazón.

 

El incidente de Wal-Wal, en diciembre de 1934, vino como un rayo hacia mí. La provocación italiana fue obvia y no vacilé en apelar a la Liga de las Naciones. Yo invoco las prevenciones del tratado de 1928, los principios del Pacto; yo incito al procedimiento de la conciliación y arbitraje. Infelizmente para Etiopía este fue el tiempo cuando cierto gobierno consideró que la situación europea hacía imperativo a todo costo el de obtener la amistad con Italia. El precio a pagar fue el abandonamiento de la independencia de Etiopía a la codicia del gobierno italiano. Este secreto acuerdo, contrario a las obligaciones del Pacto, ha ejercido una gran influencia sobre el curso de los eventos. Etiopía y todo el mundo ha sufrido y todavía hoy sufre de sus desastrosas consecuencias.

 

La primera violación del Pacto fue seguida por muchas otras. Sintiéndose animado en su política contra Etiopía, el gobierno de Roma febrilmente hizo las preparaciones para la guerra, pensando que la concertada presión que empezaba a ejercerse sobre el gobierno etíope, podía quizás no vencer la resistencia de mi pueblo a la dominación italiana.

 

El tiempo ha venido, siendo entonces que toda especie de dificultades han sido puestas en el lugar con la visión de disolver esa conducta. Gobiernos han tratado de prevenir al gobierno Etíope de encontrar árbitros entre sus ciudadanos: cuando el tribunal arbitral se formó se usó la presión para que una decisión a favor de Italia fuera dada. Todo esto fue en vano: Los árbitros, de los cuales dos eran oficiales italianos, fueron forzados a reconocer unánimemente que en el incidente de Wal-Wal, como también en los incidentes que le sucedieron, ninguna responsabilidad internacional se le atribuyó a Etiopía.

 

Siguiendo acerca de esta sentencia. El gobierno Etíope sinceramente pensó que la era de relaciones amistosas se podía abrir con Italia. Yo lealmente ofrecí mi mano al gobierno Romano. La Asamblea fue informada a través de un reporte del Comité de los Treces, fechada en Octubre 5, 1935, de los detalles de los eventos que ocurrieron después del mes de Diciembre, 1934, y hasta Octubre 3, 1935.

 

Será suficiente si yo menciono algunas de las conclusiones de aquel reporte Nos. 24, 25 y 26 “ El memorando italiano (contiene las quejas hechas por Italia) se puso en la mesa de la Junta en septiembre 4 de 1935 cuando la primera apelación de Etiopía a la Junta se había hecho en diciembre 14 de 1934. En el intervalo de estas dos fechas, el Gobierno Italiano se opuso a la consideración de la cuestión por la Junta con la base de que el único procedimiento apropiado fue aquel dado por el tratado Italo-Etíope de 1928. A través de todo ese período, por otra parte, el envío de las tropas italianas al Este de África proseguía. Este envío de tropas se le presentó a la Junta por el gobierno italiano como necesario para la defensa de las colonias amenazadas por la preparación de Etiopía. Etiopía, al contrario, atrajo la atención hacia la declaración oficial hecha por Italia la cual, en su opinión, no dejó ninguna duda acerca de “las hostiles intenciones del gobierno italiano.”

 

Desde el principio de la disputa, El gobierno Etíope ha buscado un convenio con intenciones de paz. Este ha apelado por los procedimientos del Pacto. El gobierno italiano deseando mantenerse estrictamente a los procedimientos del Tratado Italo-Etíope en 1928, el gobierno Etíope asintió. Este invariablemente plantea que fielmente seguirá la sentencia arbitraria incluso si la decisión estuviese en contra de esto. Este está de acuerdo que el asunto de la propiedad sobre Wal-Wal no debería arreglarse con los árbitros, porque el gobierno italiano no debería estar de acuerdo con ese rumbo. Este le preguntó a la Junta enviar observadores neutrales y se prestó para cualquier investigación que la Junta decidiera hacer.

 

Después que la disputa sobre Wal-Wal fue asentada por arbitraje, así todo, el gobierno italiano propuso su memorando en detalles a la Junta para apoyar su demanda por la libertad de acción. Este declaró que este caso como el de Etiopía no podía asentarse por los medios que proporcionaba el Pacto. Este planteó que, “desde que esta cuestión afecta intereses vitales y es de principal importancia para la seguridad italiana y la civilización” esto “sería como fallar en el deber más elemental, si no se deja una vez por todas de depositar confianza en Etiopía, reteniendo la libertad de adoptar cualesquiera medidas que sean necesarias para asegurar la seguridad de sus colonias y la protección de sus propios intereses.”

 

Estos son los términos del reporte del Comité de los Trece, La Junta y la Asamblea unánimemente adoptó la conclusión que el gobierno italiano había violado el Pacto y que estaba en el estado de agresión. Yo no vacilé en declarar que Yo no deseo la guerra, que ha sido impuesta sobre mí, y que Yo debo luchar únicamente por la independencia y la integridad de mi pueblo, y que en esta lucha he sido el defensor de la causa de todos los pequeños estados expuestos a la ambición de un poderoso vecino.

 

En octubre, 1935, las 52 naciones que me están escuchando hoy me dieron la seguridad que el agresor no triunfaría, que los recursos del Pacto deben ser empleados en orden de asegurar el reinado del bien y el fracaso de la violencia.

 

Yo le pregunté a las 52 naciones que no se olvidaran hoy de la política que ellos embarcaron hace ocho meses, en fe de la cual he dirigido la resistencia de mi pueblo en contra del agresor quien ellos han denunciado al mundo. A pesar de la inferioridad de mis armas, la falta completa de aviación, artillería, municiones, servicios de hospitales, mi confianza en la Junta fue absoluta. Yo pensé que seria imposible que 52 naciones, incluyendo la más poderosa del mundo, podrían ser confrontadas por un solo agresor. Contando con la fe en los tratados, yo no hice preparaciones para la guerra, y ese es el caso de ciertas pequeñas naciones en Europa. Cuando el peligro se convirtió en algo urgente, ya yo sabía de mis responsabilidades para con mi pueblo, durante los primeros seis meses de 1935, Yo traté de adquirir más armamentos. Muchos gobiernos proclamaron un embargo para prevenir mis acciones, y al gobierno italiano a trabes del Canal Suez, se les dio todas las facilidades para la transportación de tropas, armamentos y municiones, sin ninguna cesación y sin ninguna protesta. En octubre 3, 1935, las tropas italianas invadieron mi territorio. Sólo pocas horas después Yo decreté una movilización general. En mi deseo de mantener la paz, siguiendo el ejemplo de una gran nación en Europa en la víspera de la Gran Guerra, hice que mis tropas se retiraran 30 kilómetros para remover cualquier pretexto de provocación.

 

La guerra tomó lugar en las condiciones atroces que he expuesto ante de la Asamblea. En esa lucha desigual entre un gobierno en mando de más de 40 millones de habitantes, teniendo a su disposición medios financieros, industriales y técnicos que les permite crear ilimitada cantidad de las más letales armas y, por el otro lado, un pueblo pequeño de 12 millones de habitantes, sin armamentos, sin recursos solamente teniendo a su lado la justicia por su propia causa y la promesa de la Liga de las Naciones. ¿Qué asistencia real se le dio a Etiopía por las 52 naciones quienes han declarado al gobierno de Roma culpable de abusar del Pacto y que se han comprometido en prevenir el triunfo del agresor? ¿Cada uno de los miembros de Estados ha considerado, como es su deber en virtud de la firma añadida al Artículo 15 del Pacto, que el agresor ha cometido un acto de guerra personalmente directo en contra de sí mismo? Yo he puesto todas mis esperanzas en la ejecución de estos compromisos. Mi confianza ha sido confirmada por las declaraciones repetidas hechas en la Junta con el efecto de que agresión no se debe gratificar, y que la fuerza debe terminar siendo obligada a inclinarse delante del bien.

 

En diciembre de 1935, la Junta aclaró que sus sentimientos estaban en armonía con los cien mil millones de personas quienes, en todas partes del mundo, han protestado en contra de la propuesta de desmembrar a Etiopía. Fue constantemente repetido en ese entonces que no había realmente ningún conflicto entre el gobierno italiano y la Junta de las Naciones, y es por esto por lo que Yo personalmente desecho todas las proposiciones para mi provecho personal hechas por el gobierno italiano, si Yo traicionaba a mi pueblo y al Pacto de la Liga de las Naciones. Yo estaba defendiendo la causa de todas las naciones pequeñas que están amenazadas por la agresión.

 

¿Qué se ha hecho de las promesas hechas a mí en octubre de 1935? He notado con dolor, pero sin sorpresa que tres Poderes han considerado los compromisos del Pacto como algo absolutamente sin ningún valor. Sus conexiones con Italia les impide tomar cualquier medida que impida la agresión italiana. Al contrario, fue una profunda decepción para mi saber la actitud de cierto gobierno el cual, a la vez que nunca ha protestado por su atadura escrupulosa al pacto, ha tratado sin cansancio usando todos sus esfuerzos de prevenir su cumplimiento. Enseguida que cualquier medida que fuese rápidamente efectiva se proponía, varios pretextos se presentaban en orden de posponer cualquier consideración de la medida. ¿Los secretos acuerdos en enero, 1935, ayudaron esta incansable obstrucción?

 

El gobierno Etíope nunca esperó que otros gobiernos derramaran la sangre de sus soldados para defender el Pacto cuando sus propios intereses personales no estaban expuestos. Los guerreros Etíopes solo pidieron medios para defenderse. En muchas ocasiones Yo he pedido asistencia financiera para la compra de armas. Esa asistencia ha sido constantemente negada. ¿Cuál, entonces, en la práctica, es el significado del Artículo 16 del Pacto y de la seguridad colectiva?

 

El uso por el gobierno Etíope del ferrocarril desde Djibouti hacia Addis Ababa fue en la práctica un considerado peligroso transporte de armas dirigidas a las fuerzas Etíopes. En el momento presente, este es el principal sino es el único modo de entrada de suplementos para el ejército italiano en su ocupación. Las reglas de la neutralidad deberían haber prohibido el trasporte dirigido hacia las fuerzas italianas, pero es que no hay ni siquiera neutralidad desde que el Artículo 16 descansa sobre cada miembro de estado de la Liga el deber de no mantenerse neutral sino de venir en ayuda no del agresor sino de la víctima de agresión. ¿Ha sido el Pacto respetado? ¿Este ha sido hoy respetado?

 

Finalmente una declaración se acaba de hacer en sus Parlamentos por los gobiernos de ciertos Poderes, entre ellos los más influyentes miembros de la Liga de las Naciones, que desde que el agresor ha logrado ocupar una gran parte del territorio Etíope ellos han propuesto no continuar la aplicación de cualquier medida económica o financiera que se hubiese decidido en contra del gobierno italiano. Estas son las circunstancias por las cuales a petición del gobierno Argentino, la Asamblea de la Liga de las Naciones se reúne para considerar la situación creada por la agresión italiana. Yo afirmo que el problema que se ha presentado a la Asamblea hoy es mucho más amplio. No es solamente la cuestión acerca del establecimiento de la agresión italiana.

 

Es para la seguridad colectiva: esta es la verdadera existencia de la Liga de las Naciones. Esta es la confianza que cada estado debe poner en los tratados internacionales. Este es el valor de las promesas hechas a estados pequeños que su integridad y su independencia deben ser respetada y asegurada. Este es el principio de igualdad de los estados por un lado, o de otra manera la obligación que descansa sobre los poderes pequeños de aceptar el enlace de esclavitud. En una palabra, es la moralidad internacional la que está en riesgo. ¿Las firmas que van con los tratados valen sólo si los poderes signatarios tienen intereses personales directos e inmediatos comprometidos?

 

No sutilmente puede cambiar el problema o evadir las bases de la discusión. Es con toda sinceridad que presento estas consideraciones a la Asamblea. En el momento que mi pueblo está amenazado con la extinción, cuando el apoyo de la Liga puede proteger el golpe final, ¿Se me permitirá hablar con completa franqueza, sin ninguna reticencia, y con toda la derechura que se demanda por el gobierno de la igualdad como es con los miembros de estados de la Liga?

 

Aparte del reino del Señor no hay en la tierra ninguna nación que es superior a otra. Y si ocurre que un gobierno fuerte encuentra que puede destruir con impunidad a pueblos débiles, entonces la hora ha llegado para que los pueblos débiles recurran a la Liga de las Naciones para dar su juicio con toda la libertad. Dios y la Historia recordarán su juicio.He oído con seguridad que las sanciones inadecuadas que ya se han aplicado no han alcanzado su objetivo. En ningún momento, y bajo no circunstancias ninguna sanción que haya sido intencionalmente inadecuada, intencionalmente mal aplicada, puede parar el agresor. Cuando Etiopía pidió y pidió que se le debía dar asistencia financiera, ¿No fue una medida imposible de aplicar, pues la asistencia financiera que recibe la Liga de las Naciones incluso en el tiempo de paz, ha venido de dos países que exactamente han renunciado aplicar las sanciones en contra del agresor.

 

Afrontados por numerosas violaciones por el gobierno italiano de todos los tratados internacionales que prohíbe el uso de las armas, y el uso de métodos barbáricos de guerra, es mi deber doloroso de anotar que la iniciativa se ha tomado hoy con la visión de levantar las sanciones. ¿Esta iniciativa no indica en práctica el abandonamiento de Etiopía a su agresor? En la misma víspera del día que Yo estaba atentando el esfuerzo supremo en defensa de mi pueblo ante de esta Asamblea, ¿esta iniciativa no priva a Etiopía de una de las últimas posibilidades de triunfar en la obtención del apoyo y la garantía de los miembros de estados? ¿Es esta la guía que la Liga de las Naciones y cada uno de los miembros de estados tienen derecho a esperar de los grandes poderes cuando ellos aseguran su derecho y su deber de guiar la acción de la Liga? Puestos frente a frente con la realidad consumada, ¿los estados van a principiar el precedente de inclinarse ante la fuerza?

 

Vuestra Asamblea sin ninguna duda presentaría delante de esta, proposiciones para la reformar el Pacto y para ejecutar con más garantías la seguridad colectiva. ¿Es el Pacto lo que necesita reforma? ¿Qué empresas pueden tener valor si la voluntad de mantenerlas escasea? Es la moralidad internacional la que está expuesta y no los Artículos del Pacto. De parte del pueblo Etíope, miembro de la Liga de las Naciones, Yo le hago la petición a la Asamblea de que tome todas las medidas apropiadas para asegurar el respeto al Pacto. Yo renuevo mi protesta en contra de las violaciones de los tratados en lo cual el pueblo Etíope ha sido víctima. Yo declaro cara a cara al mundo entero de que el Emperador, el Gobierno y el pueblo de Etiopía no hará reverencias ante la fuerza; y que ellos mantienen su reclamo de que ellos usarán todos los medios en su poder para asegurar el triunfo de la justicia y el respeto al Pacto.

 

Yo le pregunto a las 52 naciones, quienes le han dado al pueblo Etíope la promesa de ayudarlos en su resistencia al agresor, que desean ellos hacer por Etiopía? Y aquellos grandes Poderes quienes han prometido la garantía de la seguridad colectiva a los pequeños Estados sobre los cuales pesa la amenaza de que ellos un día puedan sufrir el destino de Etiopía, Yo pregunto que medidas ustedes intentan tomar?

 

Representantes del Mundo Yo he venido a Génova a descargar en vuestro centro el deber más doloroso como Jefe de Estado. ¿Qué respuesta debo llevarle de regreso a mi pueblo?

Haile Selassie I Junio, 1936, Génova, Suiza

 

“Desde que nadie puede interferir en el reino del Mas Elevado debemos tolerar y vivir en conjunto con aquellos de otras religiones y creencias. Así todo, si la amenaza viene debemos resistir con coraje cualquier incursión. Nosotros deseamos revocar la tolerancia mostrada por nuestro Mas Elevado I-us el Cristo cuando él perdonó a todos incluyendo aquellos que lo crucificaron. En estos días modernos, hay una multitud de cosas publicadas en imprentas y en audiciones en la radio que cautiva la mente y espíritu humano; muchas nuevas ideas son diseminadas por los eruditos. Cantidad de magníficos artificios se ha producido para hacer la vida más y más confortable. Los ricos poderes han incrementado por la exploración y explotación de la tierra y han rivalizado mutuamente por explorar y conquistar la luna y los planetas. El conocimiento ha aumentado de una manera acelerada. Todo esto esta bien, maravilloso y digno de elogio. ¿Pero cuándo será el final de todo esto? Es nuestra firme creencia de que solamente lo que el Más Elevado desea es lo que será. Debemos ser cuidadosos de que los resultados alcanzados por ser humano no se empate con los de la Torre de Babel, que se derrumbo en las manos de los que la construyeron. El apóstol Paul (Pablo) dijo: “El conocimiento de este mundo es una ridiculez con la del Más Elevado” y “El supremo I conoce los pensamientos del más inteligente y aquellos son en vano”. La razón de esto es de que generalmente hablando el hombre hace a sí mismo y a su conocimiento el principio y final de su necesidad en la vida, y nosotros estamos convencidos de que el final de esto es destrucción y muerte. Nuestro Más Elevado I-us(Jesús) el Cristo dijo: “¿Qué el hombre gana teniendo todo el mundo perdiendo su alma? “¿Qué hizo que el esfuerzo de aquellos que trataron de construir la torre de Babel se convirtiera en nada? ¿No fue porque ellos trataron de vivir apartado del Creador, y porque vanagloriándose de su propia sabiduría, trataron de construir una torre que en el tope alcanzara el cielo, dándose fama para ellos? Es nuestra convicción de que todas las actividades de los hijos de los hombres que no se guían por el Irit y consuelo del Más Elevado no producirán la fruta duradera, no serán aceptados a la vista del Más Elevado por lo tanto caerán en la nada como la torre de Babel.”

Haile Selassie I Octubre 28. 1966.

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