Egipto (Provincia Romana)

Egipto, tras la invasión romana, fue una provincia del Imperio romano, que comprendía la mayor parte del Egipto actual, exceptuando la península del Sinaí. La provincia de Cirenaica al oeste, y Canaán al este, tenían frontera con Egipto. El área pasó a estar bajo el dominio romano en el año 30 a. C., tras la derrota de Cleopatra y Marco Antonio por Octavio (el futuro emperador César Augusto). Sirvió como el principal proveedor de trigo para el Imperio.

 

Los gobernantes romanos de Egipto

 

El primer procónsul de Egipto fue Cayo Cornelio Galo, quien conquistó el Alto Egipto con la fuerza de las armas, y estableció un protectorado bajo control romano sobre la zona meridional de la frontera, que había sido abandonada por los últimos ptolomeos. El segundo prefecto, Elio Galo, hizo una expedición, fracasada, para conquistar Arabia Petraea e incluso Arabia Felix; sin embargo, la costa del mar Rojo de Egipto no cayó bajo control romano hasta el reinado de Claudio. El tercer prefecto, Publio Petronio, despejó los descuidados canales de irrigación, estimulando un resurgimiento de la agricultura.

 

Del reinado de Nerón en adelante, Egipto gozó una época de prosperidad que duró un siglo. Surgieron muchos problemas a causa de los conflictos religiosos entre griegos y judíos, especialmente en Alejandría, que después que la destrucción de Jerusalén en los años 70 llegó a ser el centro mundial de la religión y la cultura judías. Bajo Trajano ocurrió una rebelión judía, teniendo como resultado la expulsión de los judíos de Alejandría y la pérdida de todos sus privilegios, aunque volvieron pronto. Adriano, que visitó dos veces Egipto, fundó Antinoópolis en memoria de su amante Antínoo, muerto ahogado. Desde la época de su reinado en adelante se erigieron edificios en estilo grecorromano en todo el país.

 

Mientras el mandato Bajo Marco Aureliolos abusivos impuestos originaron una rebelión (139) de los egipcios nativos, que sólo se suprimió después de varios años de lucha. Esta guerra causó gran daño a la economía y marcó el principio del descenso económico de Egipto. Avidius Casio, que dirigió las fuerzas romanas en la guerra, se proclamó emperador, y fue reconocido por los ejércitos de Siria y Egipto. Pero Marco Aurelio, sin embargo, lo depuso y luego un centurión lo asesino para que luego su cabeza fuera llevada a Germania Superior, y por la clemencia del emperador fue restaurada la paz. Una rebelión semejante estalló en 193, cuando Pescenio Níger se proclamó emperador a la muerte de Pertinax. El emperador Septimio Severo dio una constitución a Alejandría y a las capitales provinciales en 202.

 

Caracalla (211-217) otorgó la ciudadanía romana a todos egipcios, en común con otras provincias, pero esto debía arrastrar principalmente más impuestos, que crecieron cada vez más, como las onerosas necesidades de los emperadores. Hubo una serie de rebeliones, militares y civiles, en el siglo III.

 

Bajo Decio, en 250, otra vez los cristianos sufrieron persecución, pero su religión continuó propagándose. El prefecto de Egipto, en 260, Mussius Aemilianus, sostuvo primero a los Macrianos, usurpadores de Gallieno, y posteriormente (261) llegó a ser él mismo usurpador, pero fue derrotado por Gallieno.

 

En 272 Zenobia, la reina de Palmira, conquistó momentáneamente Egipto, pero lo perdió cuando Aureliano aplastó su rebelión contra Roma.

 

Dos generales se asentaron en Egipto, Probus y Domitius Domitianus, que dirigieron rebeliones triunfantes y se nombraron a sí mismos emperadores. Diocleciano capturó la Alejandría de Domitius, en 296, y reorganizó toda la provincia. Su edicto de 303, contra los cristianos, inició una nueva época de persecución. Pero esta fue la última gran tentativa de impedir el constante crecimiento del cristianismo en Egipto.

 

El cristianismo

 

Los cristianos egipcios creen que el Patriarcado de Alejandría fue fundado por el evangelista Marcos en torno al año 33, pero apenas se conoce cómo surgió el cristianismo en Egipto. El historiador Helmut Koester ha propuesto, aportando algunas pruebas, que en Egipto los cristianos originalmente estaban predominantemente influenciados por el gnosticismo, aunque los esfuerzos de Demetrio de Alejandría consiguieron armonizar gradualmente las creencias de la mayoría en con el resto de la cristiandad.

 

La antigua religión de Egipto, sorprendentemente, opuso poca resistencia a la expansión del cristianismo. Posiblemente, la larga historia de colaboración del clero con los gobernantes griegos y romanos de Egipto les había despojado de su autoridad. Además, la vital religión nativa pudo haber comenzado a perder su interés entre las clases más bajas por la carga de impuestos y servicios litúrgicos instituidos por los emperadores romanos, que empobreció su economía.

 

Alejandría fue uno de los grandes centros cristianos hacia finales del segundo siglo. Los apologistas cristianos Clemente de Alejandría y Orígenes vivieron gran parte de su vida en esa ciudad, donde escribieron y enseñaron.

 

Constantino I puso fin a la persecución de los cristianos con el Edicto de Milán en 312. En el transcurso del siglo IV fue prohibido el paganismo, y casi desapareció en el siglo siguiente, según señaló amargamente el poeta Palladius. Permaneció oculto durante muchas décadas: el último edicto contra el paganismo fue publicado en 390, aunque un graffiti en File muestra que el culto a Isis aun persistía en los templos del Alto Egipto en el siglo quinto. Muchos judíos de Egipto también se convirtieron al cristianismo, pero bastantes se negaron a hacerlo, lo que les dejó como la única minoría religiosa importante en un país cristiano.

 

La Iglesia de Egipto logró la libertad y la supremacía, sin embargo pronto surgió el tema del cisma y conflictos prolongados que a veces desembocaron en guerra civil. Alejandría se convirtió en el centro de la primera gran división en el mundo cristiano, entre los arrianos, llamados así por el sacerdote de Alejandría Arrio, y sus adversarios, representados por Atanasio, que llegó a ser arzobispo de Alejandría en 326 después de que el Primer Concilio de Nicea rechazara las opiniones de Arrio. Atanasio fue expulsado de Alejandría y alternativamente reintegrado como arzobispo más de cinco veces. La controversia provocó años de disturbios y rebeliones durante la mayor parte del siglo IV. En el curso de uno de estos, fue destruido el gran templo de Serapis el Serapeo de Alejandría, la fortaleza del paganismo, en el año 385 que tras el decreto de Teodosio I, marcó el declive final del paganismo en todo el Imperio romano.

 

En Egipto había una antigua tradición de especulación religiosa, lo que permitió prosperar las polémicas religiosas. No sólo florece el arrianismo, sino otras doctrinas, como el gnosticismo y maniqueísmo, ya sea nativo o importado, que encuentra muchos seguidores.

 

Una práctica religiosa surgida en Egipto fue el monasticismo de los Padres del Desierto, quienes renunciaban al mundo material con el fin de seguir una vida de pobreza y devoción a la Iglesia. Los cristianos de Egipto asumieron el monasticismo con tanto entusiasmo que el emperador Valente tuvo que limitar el número de hombres que podría convertirse en monjes. El monasticismo fue exportado de Egipto al resto del mundo cristiano.

 

Otra novedad de este período fue el desarrollo de copto, una forma del idioma egipcio antiguo escrito con el alfabeto griego complementado por varios signos para representar los sonidos presentes en Egipto, que no existían en griego. El copto se inventó como un medio para garantizar la correcta pronunciación de palabras mágicas y los nombres de los textos “paganos”, los llamados Papiros Mágicos griegos. El copto fue pronto adoptado por los primeros cristianos para difundir la palabra del Evangelio a los nativos egipcios y se convirtió en la lengua litúrgica del cristianismo egipcio y sigue siéndolo hasta el día de hoy.

 

Titulatura egipcia de los emperadores romanos

 

Los sacerdotes egipcios grabaron, en escritura jeroglífica, los títulos de los emperadores romanos que ornamentaron o ampliaron sus templos, como los situados en Dendera, Esna y la isla de File.

 

Se han conservado los títulos de los siguientes gobernantes: César Augusto, Tiberio, Calígula, Claudio, Nerón, Galba, Otón, Vespasiano, Tito, Domiciano, Nerva, Trajano, Adriano, Antonino Pío, Marco Aurelio, Lucio Vero, Cómodo, Septimio Severo, Caracalla, Geta, Macrino, Diadumeniano, Filipo el Árabe, Decio, Valeriano, Probo, Diocleciano, Maximiano, Galerio y Maximino Daya.