Genocidio Armenio

El genocidio armenio (en armenio: Հայոց Ցեղասպանություն; en turco: Ermeni Soykırımı), también llamado holocausto armenio o Մեծ Եղեռն (Medz Yeghern, “Gran Crimen”), fue la deportación forzosa y exterminio de un número indeterminado de civiles armenios, calculado aproximadamente entre un millón y medio y dos millones de personas, por el gobierno de los Jóvenes Turcos en el Imperio otomano, desde 1915 hasta 1923.

 

Se caracterizó por su brutalidad en las masacres y la utilización de marchas forzadas con las deportaciones en condiciones extremas, que generalmente llevaba a la muerte a muchos de los deportados. Otros grupos étnicos también fueron masacrados por el Imperio otomano durante este período, entre ellos los asirios, los griegos de Ponto y los serbios. Algunos autores consideran que estos actos son parte de la misma política de exterminio.

 

La fecha del comienzo del genocidio se conmemora el 24 de abril de 1915, el día en que las autoridades otomanas detuvieron a 235 intelectuales armenios que eran líderes de la comunidad de armenios en Estambul; en los días siguientes, la cifra de detenidos ascendió a 600. Posteriormente, una orden del gobierno central estipuló la deportación de toda la población armenia, sin posibilidad de cargar los medios para la subsistencia, y su marcha forzada por cientos de kilómetros, atravesando zonas desérticas, en las que la mayor parte de los deportados pereció víctima del hambre, la sed y las privaciones, a la vez que los sobrevivientes eran robados y violados por los gendarmes que debían protegerlos, a menudo en combinación con bandas de asesinos y bandoleros.

 

Aunque la República de Turquía, sucesora del Imperio otomano, no niega que las masacres de civiles armenios ocurrieron, no admite que se trató de un genocidio, arguyendo que las muertes no fueron el resultado de un plan de exterminio masivo, sistemático y premeditado dispuesto por el Estado otomano, sino que se debieron a las luchas interétnicas, las enfermedades y el hambre durante el confuso periodo de la Primera Guerra Mundial. A pesar de esta tesis, casi todos los estudiosos -incluso algunos turcos- opinan que los hechos encajan en la definición actual de genocidio.

 

Se lo considera por lo general el primer genocidio sistemático moderno; de hecho, es el segundo caso más estudiado de genocidio, después del Holocausto. Hasta la fecha 22 Estados han reconocido oficialmente el genocidio.

 

Los armenios en Anatolia

 

La población armenia en el Imperio otomano

 

En 1914, antes de estallar la Primera Guerra Mundial, en el Imperio otomano había una importante población armenia, aunque no hay acuerdo en cuanto a las cifras. Según el informe aportado por la comisión armenia al congreso de Berlín, en 1878, la cifra era de 3.000.000. Por su parte, las autoridades otomanas mencionaban en 1867 la existencia de una población de 2.400.000 armenios dentro de sus fronteras, si bien tras el Tratado de San Stefano, cuando la “cuestión armenia” empieza a considerarse como un problema para el Imperio, esa cifra se rebajó a totales entre 1.160.000 y 1.300.000. Otras estimaciones oscilan entre 1.325.000 (la cifra más baja) y 2.100.000 (la más elevada). Aunque se concentraba principalmente en el este del Imperio otomano (Armenia Occidental), había también una comunidad armenia considerable en el oeste, especialmente en la capital, Constantinopla (actual Estambul), donde todavía hoy vive la mayoría de los armenios de Turquía.

 

Situación de la minoría armenia

 

Los armenios eran tradicionalmente conocidos como Millet-i Sadıka (“Nación leal”) por los turcos, puesto que vivían en armonía con los otros grupos étnicos del Imperio, sin conflictos de importancia con la autoridad central, a pesar de las diferencias étnicas y religiosas y de tener menos derechos que los súbditos musulmanes del Imperio, ya que eran considerados dhimmi por las leyes islámicas.

 

Dhimmi es el nombre con el que se conoció en la historia del mundo islámico a los judíos y cristianos que vivían en Estados islámicos, y cuya presencia era tolerada, tal y como establece la sharia (ley musulmana), a cambio del pago de ciertos impuestos y de la aceptación de una posición social inferior.

 

En la práctica, el tratado es inseguro e inestable y condena a una enorme precariedad a los no musulmanes, ya que basta una decisión unilateral de la autoridad islámica y el pacto puede suspenderse en cualquier momento, o imponerse nuevos impuestos de forma arbitraria, o secuestrar a los jefes espirituales de los dhimmis y pedir rescate por ellos, o practicar el devşirme o «impuesto de sangre» (el reclutamiento y conversión forzosa de niños para integrarlos a las tropas), que los sultanes del Imperio otomano practicaron durante tres siglos contra los cristianos de los Balcanes, lo que suponía en principio una franca violación de la dhimmah.

 

El valor en tribunales musulmanes del testimonio de los dhimmíes era inferior al de los súbditos islámicos, al igual que la indemnización en los casos de venganzas de sangre. Las acusaciones de blasfemia contra los dhimmíes eran habituales y el castigo era la muerte. Como los dhimmi no podían testificar en un tribunal para defenderse, debían obligatoriamente convertirse al Islam para salvar la vida. Existía un severo tabú matrimonial contra los dhimmíes varones, que eran castigados con la muerte si mantenían relaciones sexuales con una mujer musulmana o si se casaban con ella (claro que si la relación- aún forzada: estupro- era provocada por un musulmán a un mujer “no musulmana”- … la Sharia, “No veía contariedad en este caso”); además existían leyes desiguales en las herencias, las discriminaciones en el vestido, en el uso de animales o en ciertos oficios, entre otras, como la estricta prohibición a los dhimmis de tener servidores musulmanes.

 

Los cristianos y los judíos tenían que pagar más impuestos para cumplir con su condición de dhimmi. Mientras que los armenios de Constantinopla se beneficiaron del apoyo del Sultán, los que habitaban el territorio histórico de Armenia nunca lo hicieron. Fueron maltratados por los pashás o beys locales y tuvieron que pagar más tributos, impuestos por las tribus kurdas. Los armenios, junto con otros cristianos otomanos, tuvieron que transferir al Sultán algunos de sus hijos varones sanos, que se convertirían en jenízaros, los feroces guerreros utilizadas durante el Imperio otomano en las campañas de Europa.

 

«La persecución total era rara pero la posibilidad siempre estaba presente. Aun en la mejor de las épocas, los dhimmi podían encontrarse con que, en todos los ámbitos de la vida y fuera cual fuese su posición en la sociedad, se les recordase violentamente cuál era su verdadera condición.

 

Primeras masacres

 

Durante la segunda mitad del siglo XIX comenzaron a difundirse, entre los armenios, movimientos de orientación nacionalista. El Imperio otomano, que había debido aceptar en el Tratado de San Stefano la independencia de Rumania, Serbia y Montenegro, además de la semiindependencia de Bulgaria, quería evitar a toda costa la creación de un Estado armenio, previsiblemente favorable a Rusia, al este de su territorio, en la frontera turco-rusa.

 

Masacres Hamidianas

 

Entre 1894 y 1897 se produjeron las llamadas “Masacres hamidianas”, llamadas así por el nombre del sultán otomano bajo cuyo mandato se perpetraron, Abdul Hamid II, conocido por esta razón como el “Sultán Rojo”.El número de víctimas armenias fue calculado por el etnógrafo William Ramsay en unas 200.000, aunque actualmente muchos señalan como más acertada la cifra de 300.000. El sultán declaró su inquebrantable decisión de seguir una política de severidad y de terror contra los armenios hasta su aniquilamiento. Ordenó evitar absolutamente toda negociación, con el fin de conducirlos a la sublevación, de modo de poder justificar sus medidas finales.

 

Un vice-cónsul francés declaró que el objetivo del Imperio otomano era “aniquilar gradualmente a los elementos cristianos. dando a los jefes kurdos carta blanca para hacer lo que quisieran, desde enriquecerse de los bienes de los cristianos, hasta satisfacer sus caprichos sexuales, fueran mujeres o niños …”. La peor atrocidad se produjo en Urfa, donde tropas otomanas incendiaron la catedral armenia, en la que 3.000 armenios se habían refugiado, y fusilaron a quien intentara escapar.

 

El historiador turco Osman Nuri observó: “La mera mención de la palabra ‘reforma’ irritaba a [Abdul Hamid], incitando su instinto criminal”. En 1897 Abdul Hamid declaró que la cuestión armenia se daba por concluida. El gobierno otomano cerró instituciones y restringió los movimientos políticos de los armenios.

 

Las matanzas, los abusos y la crueldad turca atrajeron la compasión por los armenios de la prensa europea y americana, que calificó a Hamid como “el gran asesino” y “el Sultán sangriento.”

 

Masacre de Adana

 

Un contragolpe tuvo lugar el 13 de abril de 1909. Algunos elementos militares del Imperio otomano, con la colaboración de los estudiantes de teología islámica, quisieron devolver el control del país a manos del Sultán y al imperio de la ley islámica. Proliferaron los disturbios y combates entre las fuerzas reaccionarias y las fuerzas de CUP hasta que el CUP fue capaz de sofocar la sublevación y detener a los dirigentes de la oposición.

 

El movimiento dirigido inicialmente por el naciente gobierno de los Jóvenes Turcos se percibió como un apoyo para sofocar la violencia y restablecer el orden y el gobierno. Sin embargo, distintas fuentes afirman que las tropas otomanas tomaron parte en el saqueo de los enclaves armenios de la provincia de Adana. 15.000 a 30.000 armenios fueron asesinados en el curso de la “Masacre de Adana.”

 

La guerra en Turquía oriental

 

El Imperio otomano entró en la I Guerra Mundial el 29 de octubre de 1914. A finales de ese año, el gobierno aprobó el servicio militar obligatorio, según el cual todos los hombres adultos menores de 45 años y aptos para las armas debían alistarse en el ejército o pagar un impuesto especial para ser excluidos del servicio militar. A causa de esta ley, la mayoría de los hombres en edad militar fueron alejados de sus casas y quedaron las mujeres, los niños y los ancianos.

 

El ejército otomano atacó a las fuerzas rusas que rodeaban la ciudad de Kars, en lo que entonces era territorio ruso. En enero de 1915, los turcos fueron derrotados en la batalla de Sarikamis, y las fuerzas rusas comandadas por el general Vorontsov contraatacaron, internándose en territorio turco, en una zona en la que ya se habían producido fricciones interétnicas entre armenios y musulmanes. Se debe tener en cuenta que había también ruso-armenios entre las filas del ejército zarista). Los rusos tomaron Van en mayo de 1915. En agosto, el ejército ruso se retiró y los turcos reconquistaron la ciudad. En septiembre, Van volvió a ser conquistada por los rusos.

 

Entre febrero y abril de 1916, las fuerzas rusas, a las órdenes del general Yudenich, se apoderaron de las ciudades de Erzurum y Trabzon. Los turcos, al mando de Abdul Kerim, intentaron recuperar estas ciudades en la ofensiva de verano, pero fueron derrotados, a pesar de los éxitos de Mustafa Kemal. Rusia ganó otra batalla en Erzincan, en julio. Los combates alrededor del lago Van continuaron durante el verano y el otoño, y ciudades como Mush y Bitlis fueron conquistadas y perdidas de nuevo.

 

En 1917, debido al caos posterior a la revolución rusa, ambos bandos cesaron las operaciones militares en la zona. Los turcos enviaron a la mayoría de sus fuerzas al Sur para combatir a los británicos en Palestina y Mesopotamia. El ejército ruso también fue perdiendo interés lentamente.

 

A comienzos de 1918, el ejército ruso de la región se había desvanecido prácticamente y las fuerzas turcas recuperaron fácilmente todo el territorio perdido, sobrepasaron las fronteras arrebatando a los británicos Bakú, en el Mar Caspio, en septiembre de 1918. Cuando terminó la guerra, los turcos controlaban sólidamente Anatolia oriental.

 

El genocidio armenio

 

Tras su aplastante derrota en la batalla de Sarikamis, Enver Pasha escribió un despacho al obispo armenio de Konia, Mons. Karekin Khatchadurian, con fecha 26 de enero de 1915, en el que elogió la conducta de los soldados armenios bajo su mando en los siguentes términos: “Le solicito presentar a la nacion armenia, cuya total devoción al gobierno imperial es bien conocida, la expresión de mi satisfacción y mi reconocimiento”. Sin embargo, el gobierno turco culpó a los armenios por sus tribulaciones militares. Ordenó que todos los reclutas armenios del ejército otomano fuesen desarmados, desmovilizados y destinados a campos de trabajo. La mayoría de ellos fueron ejecutados o convertidos en peones camineros.

 

El 24 de abril de 1915, cuatro días después del estallido de la revuelta de Van, el gobierno de los Jóvenes Turcos consideró que afrontaba una sublevación popular de corte nacionalista dentro de los límites de su imperio siguiendo el modelo eufemístico de Grecia, Serbia y Bulgaria, y optó por deportar a sectores importantes de la población armenia hacia el sureste de Anatolia. Ese mismo día se ordenó el arresto de 250 intelectuales armenios, que fueron deportados y en su mayoría asesinados en el camino. A esto siguieron poco después -a partir del 11 de junio de 1915- órdenes para la deportación de cientos de miles -tal vez más de un millón- de armenios de todas las regiones de Anatolia (excepto zonas de la costa oeste) a Mesopotamia y lo que actualmente es Siria. Muchos fueron a la ciudad siria de Dayr az Zawr y el desierto circundante. El gobierno turco no puso los medios para proteger a los armenios durante su deportación, ni en su lugar de llegada.

 

Tras el reclutamiento de la mayoría de los hombres y los arrestos de ciertos intelectuales, tuvieron lugar masacres generalizadas a lo largo de todo el Imperio. En Van, el gobernador Cevdet Bey ordenó a tropas irregulares cometer crímenes para forzar a los armenios a rebelarse y justificar así el cerco de la ciudad por el ejército otomano. Según el mercenario venezolano Rafael de Nogales, que sirvió en el ejército turco, Cevdet Bey mandó asesinar a todos los varones armenios de la ciudad. Según los autores turcos, en Van lo que aconteció no fue sino una revuelta armenia y la posterior represión de la misma por las tropas otomanas durante las mismas fechas.

 

Se calcula que existieron unos 26 campos de concentración para confinar a la población armenia (Dayr az-Zawr, Ra’s al-‘Ain, Bonzanti, Mamoura, Intili, İslahiye, Radjo, Katma, Karlik, Azaz, Akhterim, Mounboudji, Bab, Tefridje, Lale, Meskene, Sebil, Dipsi, Abouharar, Hamam, Sebka, Marat, Souvar, Hama, Homs y Kahdem), situados cerca de las fronteras con Siria e Irak. Según fuentes armenias algunos de ellos pudieron haber sido únicamente lugares de emplazamiento de fosas comunes y otros lugares de confinamiento donde morían de epidemias e inanición.

 

La fuerza de ocupación británica estuvo implicada activamente en la creación de una contrapropaganda en tiempos de guerra (durante la Primera Guerra Mundial el Imperio otomano luchó integrado en la coalición de las “Potencias Centrales”, compuesta por Austria-Hungría, Alemania y Bulgaria). Por ejemplo, Eitan Belkind fue un espía británico y un miembro de la Nili (red de espionaje judía que apoyaba a Gran Bretaña frente al Imperio otomano durante la Primera Guerra Mundial), que se infiltró en el ejército otomano como funcionario. Fue destinado a la oficina central de Hamal Paşa. Asegura haber presenciado la incineración de 5.000 armenios en tal campo. Según fuentes armenias, entre el 24 y el 25 de abril de 1915 fueron apresadas unas 650 personalidades, escritores, poetas, abogados, médicos, sacerdotes, políticos; luego fueron deportados y asesinados en los meses siguientes.

 

Testimonios occidentales acerca del genocidio

 

En 1918 se publicó serializada en periódicos, y en 1919 en libro, el Relato del embajador Morgenthau, obra de Henry Morgenthau, quien fue embajador de Estados Unidos ante el Imperio otomano entre 1913 y 1916.

 

El reconocido escritor austríaco Franz Werfel conoció a varios supervivientes del genocidio armenio y plasmó sus relatos en el libro Los cuarenta días del Musa Dagh, que fue publicado en 1933.

 

El militar venezolano Rafael de Nogales Méndez, que fue oficial del ejército otomano durante la Primera Guerra Mundial, dejó también testimonio de las masacres en su obra Cuatro años bajo la Media Luna.

 

El historiador inglés Arnold J. Toynbee y el jurista, político e historiador británico James Bryce publicaron una obra conocida como El Libro Azul. Este libro incluye relatos de testigos oculares estadounidenses -tanto diplomáticos como misioneros-, alemanes, italianos, daneses, suecos, noruegos, griegos y armenios.

 

La perspectiva del gobierno turco en relación al genocidio

 

Turquía niega que las muertes acaecidas en 1915 fueran el resultado de un plan organizado por el Estado para eliminar a la población armenia bajo su soberanía, requisito para considerarlo un delito de genocidio, y afirma que el Imperio otomano luchó contra la sublevación en su territorio soberano de la milicia armenia respaldada por el gobierno ruso.

 

Turquía también critica las semejanzas con el Holocausto indicadas por ciertos sectores, afirmando que, a diferencia de los armenios, la población judía de Alemania y Europa no hizo campaña en pro de una separación ni se rebeló aliándose con potencias extranjeras. Además señalan el hecho de que la sola mención de un genocidio armenio en cualquier parte del mundo puede encontrarse únicamente con una queja formal de los embajadores turcos, mientras que la mención de la misma en Turquía puede acarrear la posibilidad de la apertura de un procesamiento judicial y la condena a prisión, como en el caso del escritor turco y ganador del Premio Nobel Orhan Pamuk.

 

El gobierno de Ankara también ha criticado la exigencia del Parlamento Europeo de que Turquía reconozca la existencia del genocidio armenio. En un comunicado difundido por el Ministerio de Exteriores turco, Ankara niega la existencia del genocidio y afirma que “las controversias históricas deben ser evaluadas por los historiadores”.

 

En marzo de 2005 el primer ministro turco Recep Tayyip Erdoğan invitó a los historiadores turcos, armenios e internacionales para que formaran una comisión que estableciera la verdad de los acontecimientos de 1915. El ministro de Relaciones Exteriores de Armenia, Vartan Oskanian, rechazó la oferta con el argumento de que el estudio conjunto no tenía base. Tras decir que los armenios ya habían declarado los hallazgos de sus historiadores, Oskanian agregó: “Turquía debería argumentar su caso. Los historiadores no tienen nada que hacer”.

 

Las relaciones entre Turquía y Armenia siguen estancadas. Turquía ha cerrado sus fronteras terrestres con Armenia desde 1994 debido al control armenio de Nagorno-Karabaj. Armenia ha declarado en varias ocasiones que está preparada para establecer las relaciones diplomáticas y abrir la frontera sin condiciones previas, aunque Turquía demanda que abrir sus fronteras demostraría un respaldo a la ocupación armenia de Nagorno-Karabaj e ignorar su conflicto con Azerbaiyán.

 

El acuerdo firmado el 10 de octubre de 2009 por representantes de los gobiernos turco y armenio en Zúrich (Suiza), en el que se preveía la creación de una comisión mixta de historiadores para realizar “un examen científico imparcial de los archivos y documentación” sobre aquellos sucesos, el establecimiento de relaciones diplomáticas entre ambos estados y la apertura de su frontera común, ha sido congelado por el gobierno turco con el pretexto de la cuestión de Nagorno-Karabaj.

 

El número de víctimas

 

Existe asimismo un desacuerdo en cuanto al número de muertes. Las fuentes alemanas dieron las mayores estimaciones de bajas armenias durante la guerra, a pesar de que se trataba de los aliados del Imperio otomano. Es posible que el acceso de personal germano en las zonas del exterminio ofreciera mayor certeza en las cifras.

 

Un informe decía que a fecha de febrero de 1916, un millón y medio de armenios habían sido asesinados. Otro informe del 27 de mayo de 1916, proporcionado por Erzberger, director de la Inteligencia de Oficina de Exteriores, daba la misma cifra, al igual que un informe del embajador interino de Alemania en Turquía, Radowitz, fechado el 4 de octubre de 1916. Parece ser que la cifra frecuentemente citada de un millón y medio se originó en esas fuentes alemanas. El comandante alemán Carl F. Endres, que sirvió en el ejército turco, estimó el número de bajas armenias en 1,2 millones. La misma cifra fue mencionada en el juicio de Yozgat, y antes de la sesión de 1984 del Tribunal Permanente de los Pueblos y se la menciona con frecuencia en cualquier situación. Historiadores como Justin A. McCarthy, profesor de la Universidad de Louisville o Omer Turan, quienes niegan el genocidio, ofrecen una perspectiva alternativa sobre la base del estudio de los censos oficiales otomanos para concluir que los armenios que vivían en el Imperio otomano eran menos de 1,5 millones, insinuando que las cifras publicadas relativas a la muerte de un millón de armenios pueden haber sido exageradas en demasía e incluso afirmando que en ese periodo murieron 3 millones de turcos. La posición de McCarthy ha sido duramente criticada por otros historiadores tanto estadounidenses como de otros países. Medios oficiales turcos creen que el número de víctimas puede situarse entre 200.000 y 600.000.

 

Armenia y el genocidio armenio

 

Armenia ha participado en un prolongado conflicto étnico-territorial con Azerbaiyán, un Estado turco que se independizó en 1991 después de la caída de la Unión Soviética. Este conflicto tiene la presencia de varios elementos como pogromos, matanzas y limpieza étnica. Algunos observadores internacionales e historiadores han sugerido que Armenia y la diáspora armenia han tratado de efectuar cambios políticos modernos en el conflicto del Cáucaso, por lo que sugiere que este conflicto moderno es una continuación del genocidio armenio. De acuerdo con Thomas Ambrosio, el genocidio armenio proporciona “una reserva de simpatía pública y de legitimidad moral que se traduce en una significativa influencia política… con la finalidad de obtener el apoyo del Congreso para las políticas antiazeríes.” Ambrosio señala que, mientras los armenios lleguen a controlar más de 10% del territorio de Azerbaiyán en el conflicto, gran parte de la retórica del mundo occidental “desviará cargos de irredentismo y culparán por el conflicto de Nagorno-Karabaj a los azeríes.” La retórica que siguió la aparición del conflicto, que se desarrolló en el contexto de varios pogromos de armenios, fue dominada por las referencias al genocidio armenio, incluidos los temores de que sería repetido.

 

Reconocimiento internacional del genocidio

 

Como respuesta a la continua negación del genocidio armenio por el gobierno turco, las comunidades en la diáspora armenia han presionado para conseguir su reconocimiento oficial a través de gobiernos de todo el mundo. Veinte países y 42 estados de los EE.UU. han aprobado mediante resoluciones de carácter formal el reconocimiento del genocidio armenio como un acontecimiento histórico.

 

En general, los historiadores occidentales coinciden en que el genocidio tuvo lugar. Por ejemplo, la “International Association of Genocide Scholars” (Asociación Internacional de Estudiosos del Genocidio), una institución académica fundada en 1994 que incluye cientos de estudiosos de genocidios de todo el mundo, afirma oficialmente la existencia del genocidio armenio.

 

Los países y territorios que han reconocido oficialmente el genocidio armenio son: Argentina, Armenia, Bélgica, Canadá, Chile, Chipre, Francia, Grecia, Italia, Líbano, Lituania, Holanda, Polonia Rusia, Eslovaquia, Suecia, Suiza, Uruguay, El Vaticano y Venezuela. También las regiones de Escocia, Irlanda del Norte y Gales (Reino Unido), País Vasco y Cataluña (España), Ontario y Quebec (Canadá), Australia Meridional y Nueva Gales del Sur (Australia), Crimea (Ucrania), Ceará y São Paulo (Brasil) han reconocido la existencia del genocidio.

 

Cuarenta y dos de los cincuenta estados de los EE. UU. han reconocido oficialmente y de forma abierta el genocidio armenio. Estos estados son:

  • Alaska
  • Arizona
  • Arkansas
  • California
  • Carolina del Norte
  • Carolina del Sur
  • Colorado
  • Connecticut
  • Dakota del Norte
  • Delaware
  • Florida
  • Georgia
  • Hawaii
  • Idaho
  • Illinois
  • Kansas
  • Kentucky
  • Louisiana
  • Maine
  • Maryland
  • Massachusetts
  • Michigan
  • Minnesota
  • Missouri
  • Montana
  • Nebraska
  • Nevada
  • Nueva Hampshire
  • Nueva Jersey
  • Nuevo México
  • Nueva York
  • Ohio
  • Oklahoma
  • Oregon
  • Pennsylvania
  • Rhode Island
  • Tennessee
  • Utah
  • Vermont
  • Virginia
  • Washington
  • Wisconsin

 

En algunos países se ha llegado a tomar medidas legales contra aquellos que nieguen la existencia del genocidio. Dos ejemplos recientes son Francia y Suiza. Una ley que preveía castigar la negacion de los genocidios reconocidos por el Estado francés fue votada el 23 de enero de 2012, pero vetada por el Consejo Constitucional el 28 de febrero del mismo año. En Suiza, el historiador turco Yusuf Halacoglu fue acusado de violar las leyes sobre negación del Genocidio en una conferencia que pronunció en Winterthur en 2004.

 

Países como Estados Unidos, Israel, el Reino Unido, Alemania o España no utilizan el término genocidio para referirse a estos hechos.

 

Monumentos conmemorativos del genocidio

 

El primer monumento conmemorativo del genocidio armenio es la capilla erigida en el monasterio de Antelias (Líbano), sede del Catolicosado de la Gran Casa de Cilicia, donde se guardan restos de víctimas recogidos de Deir-el-Zor. El gobierno de Armenia Soviética aprobó en 1965 la creación de un monumento conmemorativo en recuerdo del 50º aniversario del genocidio. Dos años más tarde, el monumento, oficialmente conocido como Monumento del Medz Yeghern, sobre un proyecto de los arquitectos Sashur Kalashyan y Artur Tarkhanyan, fue erigido en la colina de Tsitsernakaberd sobre el desfiladero de Hrazdan, en la capital armenia, Ereván. La estela de 44 m simboliza “el renacimiento nacional de los armenios”. Se colocaron doce losas en un círculo, representando las 12 provincias de la Armenia histórica, hoy en territorio de Turquía. En el centro del círculo, a una profundidad de 1,5 metros, se halla una llama eterna. A lo largo del parque y alrededor del monumento, existe un muro de 100 m de longitud con los nombres de las ciudades y las aldeas que fueron teatro de las matanzas. En 1995 se inauguró en el extremo opuesto del parque un museo circular subterráneo, el Museo-Instituto del Genocidio Armenio, que alberga y exhibe numerosa información sobre los acontecimientos de 1915.

 

Cada 24 de abril se evoca en Armenia el Día de la Conmemoración del Genocidio Armenio, durante el cual cientos de miles de personas caminan hacia el monumento del genocidio y depositan las flores (claveles o tulipanes normalmente rojos) alrededor de la llama eterna. Esta evocación se repite con diversos actos en todas las comunidades dispersas por el mundo que constituyen la diáspora armenia.

 

Arte

 

El primer ejemplo del genocidio armenio interpretado a través del arte fue una medalla emitida en San Petersburgo, Rusia, que significa simpatía por el sufrimiento armenio. Se acuñó en 1915, como las matanzas y las deportaciones hasta el día de hoy, siguen haciendo estragos. Desde entonces, decenas de medallas de distintos países se han encargado de conmemorar el evento.

 

Literatura

 

Varios testigos presenciales de los acontecimientos han hecho publicaciones, en particular la misionera sueca Alma Johansson y el embajador de los EE.UU. en Turquía (1913-1916), Henry Morgenthau. El escritor alemán Armin Wegner, que trabajó como enfermero, escribió varios libros acerca de los acontecimientos que fue testigo durante su estancia en el Imperio otomano. Años más tarde, después de haber regresado a Alemania, Wegner fue encarcelado por oponerse al nazismo, y sus libros quemados por los nazis. Probablemente, la obra literaria más conocida sobre el Genocidio Armenio es la ya citada “Los cuarenta días de Musa Dagh” de Franz Werfel (1933). Se convirtió en un best-seller, particularmente entre los jóvenes de los guetos judíos durante la era nazi.

 

Kurt Vonnegut escribió en 1988 la novela “Barbazul” (“Bluebeard”), cuyo protagonista es un sobreviviente del genocidio armenio y que describe las características del genocidio armenio como un tema subyacente. Otras novelas que incorporan el genocidio armenio incluyen Louis de Berniéres “Pájaros sin alas”, Edgar Hilsenrath, en idioma alemán The Fairytale of the Last Thought, y el polaco Stefan Żeromski escribió en 1925 “La primavera por venir”. Una historia de Edward Saint-Ivan, antología de 2006, “El Caballero Negro de Dios” incluye un personaje de ficción, sobreviviente del genocidio armenio.

 

“Una bestia en la Luna” (1995), una obra teatral de Richard Kalinoski, trata sobre dos sobrevivientes del genocidio armenio. A menudo se especula que las obras de Arshile Gorky, un armenio expatriado cuya madre falleció de hambre en el genocidio, han sido influenciadas por la pérdida y el sufrimiento de la época. Gorky fue una figura pionera del expresionismo abstracto.

 

“El libro de los susurros”, título en español de la obra del rumano de origen armenio Varujan Vosganian. Traducción de Joaquín Garrigós, ed. Pre-Textos, Valencia, 2010. En un fondo constituido por la macrohistoria del destino del pueblo armenio se insertan microhistorias de personas reales transmutadas en personajes de novela. Este libro ha sido un éxito de crítica y ventas en España, Argentina y Colombia.