Tecnología Aeronáutica

La Primera Guerra Mundial dio un empuje decisivo al diseño y mejora tecnológica de las aeronaves. En el periodo de entreguerras se fabricaron aparatos que podían alcanzar los 3.000 metros de altura y desarrollar potencias superiores a los 200 CV. En esta época destacan algunos vuelos históricos, como la travesía de Atlántico de los británicos John William Alcock y Arthur Whitten en 1919; o el de Charles Augustus Lindberg, que realizó la travesía del Atlántico Nueva York-París en solitario sin escalas en 1927, a bordo del Spirit of St. Louis. También es digno de mención el primer vuelo del autogiro de Juan de la Cierva en 1929. A partir de 1930 comenzaría un imparable desarrollo de la aviación comercial.

 

La Aeronáutica Militar

 

En 1912, el ejército alemán estimó que el arma aérea podría llegar a ser un elemento fundamental en los futuros operativos militares, por ello incorporó a la fuerza de combate aeroplanos para reforzar sus dirigibles. Así, la primera utilización práctica de la incipiente industria aeronáutica fue la militar. Los primeros aviones militares fueron los biplanos, es decir, con dos alas. El motivo estribaba en que los motores de combustión interna a principios del siglo XX aún estaban poco desarrollados, y además de aportar poca velocidad eran propensos a variados fallos, como el desgaste de piezas o fatiga de materiales poco estudiados. Por ello, la única forma de dar mayor sustentación al aeroplano a menor velocidad era ampliar la superficie de contacto con el aire, construyendo dos alas paralelas en lugar de una sola. Con el desarrollo de nuevos motores más potentes y seguros, fue imperando el monoplano, es decir, de una sola ala, que permitía mayor velocidad al existir menor superficie de contacto con el aire.

 

En el periodo que duró la Guerra, las necesidades militares estimularon a los diseñadores a construir y probar nuevos motores, materiales y estructuras, con objeto de dar respuesta a la necesidad de equipos de reconocimiento y bombardeo. Puede decirse que, durante el conflicto, se construyeron más aviones que durante el espacio de tiempo transcurrido desde que se realizara el primer vuelo.

 

La Aeronáutica Comercial

 

Los descubrimientos realizados durante la posguerra en aviación militar fueron enseguida utilizados con fines comerciales. Además, gran parte de los excedentes de la aviación militar vendidos, y generalmente adquiridos por los propios aviadores, empujó a éstos a diversas actividades comerciales que les generara ingresos económicos, tales como transporte de pasajeros, exhibiciones, fotografía aérea, publicidad, etc. Próximo a finalizar la Guerra, en 1916, se creó en Estados Unidos el servicio de correo aéreo, en lo que fue la primera aplicación comercial de los aeroplanos. En 1920 estaban en funcionamiento las primeras líneas aéreas para correo y pasajeros: Cayo Hueso – Florida – La Habana; y Seattle – Washington – Vancouver (Canadá). El servicio transcontinental de correo aéreo regular entre Nueva York y San Francisco se inauguró en 1921. En 1926 se inauguraron más de una decena de líneas aéreas nacionales en Estados Unidos, y se establecieron enlaces entre éste, Canadá y países de América Central y del Sur.

 

A esta aplicación postal le siguieron rápidamente otras, como el transporte de mercancías y regulares de pasajeros, al principio a cortas distancias, y más tarde a media y larga distancia conforme se incrementaba la seguridad y confianza en este medio.

 

Los Nuevos Retos

 

Simultáneamente se iban derribando metas, y cada vez se proponían otras más lejanas, reduciendo notablemente las distancias comerciales entre poblaciones y países. En la segunda y tercera década del siglo XX se planteó llevar a cabo un proyecto ansiado por muchos aviadores: enlazar Europa y América por avión. Los primeros vuelos transoceánicos se iniciaron con el NC-4, un hidroavión que partió de Long Island el 8 de mayo de 1919, y finalizó en Plymouth, Inglaterra, el 31 del mismo mes, realizando varias escalas en su recorrido: Terranova, en Canadá; islas Azores; y Lisboa, en Portugal. El primer vuelo trasatlántico, pero esta vez directo sin escalas, fue iniciado a bordo de un biplano Vickers el 15 de junio de 1919, pilotado por los británicos John Willian Alcock y Arthur Whitten Brown, desde Saint John’s de Terranova hasta Clifden, en Irlanda. Invirtieron en el viaje poco más de 16 horas, ganando el premio de 50.000 dólares que otorgaba el London Daily Mail.

 

España también fue protagonista en la acometida de estos nuevos retos. El día 26 de enero de 1926, el piloto y comandante español Ramón Franco y su tripulación, inició como Jefe de expedición el viaje trasatlántico en Palos de Moguer, a bordo del Plus Ultra, un hidroavión Dornier Wall. Alcanzaron Buenos Aires el 7 de febrero, tras realizar varias escalas y sufrir algún accidente. El propio Ramón Franco, tras sumarse al alzamiento nacional de 1936, perdería la vida en 1938 al caer su avión al mar. La primera travesía trasatlántica sin escalas, pero totalmente en solitario, la llevó a cabo el aviador estadounidense Charles Augustus Lindbergh entre el 20 y el 21 de mayo de 1927, desde Nueva York hasta París, a bordo del Spirit of Saint Louis, un monomotor diseñado y construido dos meses antes siguiendo las propias instrucciones de Lindbergh. El aparato estaba construido con aluminio y madera de balsa, y estaba equipado con un motor Wright Whirlwind J-5C.

 

Lindbergh invirtió 33 horas y media y recorrió algo más de 5.800 km. Anteriormente, otros aviadores habían conseguido sobrevolar el Atlántico, pero Lindebergh lo hizo totalmente solo, manteniéndose despierto durante todo el tiempo que duró la travesía. El éxito de su viaje le proporcionó un premio de 25.000 dólares y gran popularidad mundial. La hazaña fue muy nombrada y reconocida en la historia de la aviación.

 

Hasta 1928, ningún aviador había conseguido realizar vuelos transoceánicos en dirección Oeste, debido a los vientos contrarios. Fue el 12 de abril de ese año, cuando se inició el primer vuelo, entre Dublín y Greenly Island. Lo llevaron a cabo el capitán alemán hermann Köhl, el también alemán varón Gunther von Hünefeld, y el capitán irlandés James Fitzmaurice. Realizaron un trayecto de 3.564 km.

 

Buen número de aviadores se propusieron en este año ser pioneros en realizar nuevos trayectos. Se pueden citar:

 

+ Charles Kingsford-Smith, Charles T.P. Ulm, Harry W. Lyon, y James Warner, que realizaron la Southern Cross con escalas desde Oakland (California) hasta Sydney (Australia), en un recorrido superior a los 11.900 km.

+ Amelia Earhart, Wilmer Stultz y Louis Gordon, que emprendieron el 17 de junio el cruce del Atlántico entre Bahía de Trepassey (Terranova) y puerto Burry (Gales).

+ Arturo Ferrarin y Carlo P. Del Petre, capitán y comandante del Ejército italiano italiano, respectivamente, que realizaron un vuelo sin escalas desde Roma hasta Genipabu (Brasil), en un recorrido de 7.186 km.

 

Las hazañas de Lindberg y sus predecesores Alcock y Whitten, reforzadas con los ejemplos de otros aviadores que les emularon, aportaron confianza y fiabilidad a los aeroplanos en viajes directos a larga distancia. Las empresas civiles de transporte comenzaron a demandar aviones para sus primeras rutas aéreas, y de esta forma aparecieron los primeros aviones de transporte de carga y pasajeros, algunos de ellos míticos, como el Douglas DC-1 y el Boeing 247, primeros de una serie que continuaron hasta la actualidad. Antes de la existencia de instalaciones de aterrizaje y despegue, los hidroaviones fueron las aeronaves más demandadas La joven aviación comercial no estaba dotada en sus inicios de adecuadas instalaciones para el despegue y aterrizaje, por ello los aviones más demandados durante años fueron los hidroaviones, que además de suplir el problema de inexistencia de pistas, aportaban seguridad en los vuelos a través del mar.

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